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| Sal y cena |
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Feria de abril
La gran fiesta de Sevilla
La capital andaluza vive ya inmersa en su segunda semana grande. Baile, cante, pescaíto y, sobre todo, mucha manzanilla. Comenzando el 24 de abril con su tradicional "pescaíto y alumbrao", entre el 25 y el 30 de abril se celebra ésta, la fiesta más emblemática de la ciudad.
Con la llegada de la primavera, Sevilla se viste con sus mejores galas para celebrar, tras la Semana Santa, su otra gran fiesta del año: la Feria de Abril. Para saborearla con todo su encanto, es preferible hacerlo acompañado por un sevillano; sin amigos ni conocidos en alguna de las casetas es prácticamente imposible pasar de las instalaciones comunes ni conocer, de cerca, una celebración que se remonta al reinado de Isabel II. Corría el año 1847 cuando la reina concedió a la ciudad de Sevilla la celebración de una feria anual de ganado.
Con el paso de los años y los siglos, aquella feria -conocida como la Feria de Abril del Prado de San Sebastián- se ha convertido en una cita multitudinaria, en la que se agrupan más de mil casetas dispuestas en callejuelas sobre una superficie de más de un millón de metros cuadrados (si se cuentan el Parque de Atracciones y la zona destinada a los aparcamientos).
Más de 370.000 bombillas iluminan el recinto ferial del Real, el lugar donde se juntan millares de personas, entre sevillanos y visitantes. Todos con el objetivo común de pasar horas y horas de diversión a base de mucha sevillana, mucha palma, mucho cante y, cómo no, mucho vinito. Ninguno repara en gastos. Decoradas con telas, farolillos de papel y luces, las casetas son el punto de encuentro de familiares y amigos, un lugar donde degustar las mejores manzanillas y los platos más típicos. Como buenos anfitriones, sus dueños invitan a visitantes y conocidos a bailar, cantar, comer y beber desde la mañana hasta la madrugá a lo largo de la semana.
Mucho pescaíto, fino y manzanilla
Para sobrevivir a la Feria de Abril no hay nada mejor que disfrutar de un generoso plato de pescaíto acompañado de una buena copita de fino o manzanilla, con la que se elabora el famoso rebujito y que supone el 75% del casi millón y medio de botellas que se consumen durante estas fechas.
Pero no es lo único que se puede tomar en estos días de fiesta. Como manda la tradición, no habrá caseta en el recinto ferial sin las típicas tapas con jamón ibérico, calamares y boquerones.
Para aquellos que buscan tranquilidad a la hora de comer, les aconsejamos desde aquí algunos restaurantes fuera del Real. ¿A qué esperas para reservar?
Los que prefieran el centro de Sevilla no deben dejar de visitar la Taberna del Alabardero (Zaragoza, 20), situada en una céntrica casa restaurada del siglo XIX, reconvertida en hotel de cuatro estrellas. Allí, además del típico Salmorejo, presentan recetas tan creativas como el Carpaccio de morros de ternera con aceite de chistorras y salsa de higos o el Lomo de jabalí asado al Pedro Ximénez con frutas de otoño.
A la sombra de las viejas campanas de San Lorenzo, en la cercanía de los baños árabes y el Convento de Santa Rosalía, los visitantes que acudan a La Ribera de Cartaya (Martínez Montañés, 5) pueden disfrutar de una carta marcada por la rica cultura gastronómica de la Baja Andalucía, con su Tosta de cotufas con lamas de mojama, sus Pijotas, sus Puntillitas y su Caña borracha de crema de caramelo al aguardiente de Zalamea.
Y si quieres disfrutar de paz y tranquilidad lejos del mundanal ruido, a 20 minutos de Sevilla, en Los Molares, encontramos Casa Manolo-El Castillo (Duque de Alcalá, 4), un acogedor restaurante enclavado en un precioso castillo medieval construido en el siglo XIV, donde disfrutar de una creativa cocina así como de una espectacular bodega.
Más información:
www.sevilla.org
(26/04/2006)
S.C.R.
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