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7 Portes
Un incunable de la restauración barcelonesa
Cuenta el 7 Portes con una historia que haría las delicias de un historiador de lo cotidiano. No en vano, es el restaurante más antiguo de la Ciudad Condal, inaugurado el día de Navidad de 1838. Y es que 173 años de vida dan para mucho.
Era, en esta época, un café que pretendía equipararse con los locales más refinados de la burguesía europea. Fue Josep Cuyás, reconocido cafetero de la época, el responsable de abrir un local que ha visto a lo largo de los años cómo se revalorizaba su nombre hasta convertirse en un referente de la gastronomía barcelonesa.
Ya hemos dicho que la historia de este local está íntimamente relacionada con la historia de la Ciudad Condal: de café pasó a ser café-cantante. La familia Morera lo convirtió en restaurante y bajo la batuta del mítico Paco Parellada alcanzó el cenit como establecimiento de prestigio.
Han pasado muchos años desde que el inmueble que alberga este restaurante, Els Porxos d´en Xifré, declarado edificio de interés arquitectónico nacional, fuese el modelo elegido para plasmar la primera fotografía que se hizo en España.
El tiempo ha jugado a su favor, los recuerdos que llenan las paredes de sus románticos salones y reservados nos hablan de ilustres comensales que dejaron en ellos su rastro de buenos gourmets. Alexander Fleming, García Lorca, Ava Gardner o Ernesto "Che" Guevara son algunos de los que acudieron al 7 Portes en busca de cocina tradicional. El eclecticismo de sus clientes más famosos es una muestra del aire que se respira en este (añejo) local.
Cocina catalana tradicional, sin atrevimientos ni osadías. El 7 Portes se siente orgulloso de su pasado, de su presente y sobre todo de su carta. Canelones de pescado; Escalibada; Fideos con sepia y cigalas; Caracoles a la Gurmanta; Habas a la catalana... y por supuesto los arroces, ese plato que le ha dado su más que merecida fama: Paella Parellada, Arroz con bacalao, Arroz negre...
Una veintena de personas trajinan entre fogones, cacerolas y comandas de urgencia a las órdenes de su chef, Carlos Ruiz, que presume, sin pudor, de contar con un equipo humano que le permite pasear por la cocina con la convicción de quien se sabe rodeado por un grupo de amigos que tienen la lección aprendida. Afirma sentirse estimulado por la creciente cola que se forma a mediodía en la puerta del restaurante y ni siquiera pierde la compostura cuando, con una sonrisa que no puede disimular su satisfacción, confiesa las ocasiones en que ha cocinado para el rey Don Juan Carlos.
Sólo pierde los nervios si un cliente le pide unos Huevos fritos. "Algo aparentemente tan sencillo como un par de huevos fritos puede desequilibrar la organización de una cadena alimentaria".
Aunque el plato preferido de Carlos Ruiz sea el Arroz negre, cocina diariamente más de trescientas Paellas Parellada, el plato talismán de este establecimiento.
Carlos se mueve por la cocina con la familiaridad de quien conoce la guerra que se libra diariamente en las tripas de un restaurante de alto nivel. Su orden más perentoria es que nadie meta las manos en el plato que está preparando otro cocinero y, sobre todo, que nadie le toque su cuchara de probar, la misma que le acompaña desde que empezó, ya hace años, su particular trabajo en el 7 Portes.
No se cansa este hombre de trajinar entre perolas, hasta el punto de que incluso en su casa cocina para la familia y experimenta con los platos que la imaginación o los sueños le han regalado durante la noche... Presume de no tener motines en la cocina, donde, lo pudimos comprobar, el equipo funciona con la camaradería propia de un grupo de amigos que se han reunido para dar rienda suelta a su pasión por la gastronomía.
Más abajo, escondido en las entrañas del local, bajo el nivel del mar, se atesoran en un escondite estanterías de los mejores caldos, tanto catalanes como del resto de la península. Los vinos del Priorato tienen un lugar muy especial en esta cava, que, como si de un museo se tratara, guarda algunos "tesoros" por el puro romanticismo de saberse poseedor de botellas que casi sería un delito descorchar.
Arriba, entre mesas sacadas de un anticuario, carteles de épocas en que los señores usaban bigotes engominados y las señoras hacían crujir corsés de barbas de ballena, la liturgia gastronómica sigue su curso con la familiaridad que empapa los salones de este incunable de la restauración barcelonesa.
La ficha:
7 Portes.
Passeig d´Isabel II, 14.
Barcelona.
Joan Biosca
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