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  Tu salud

Enfermedades de la alimentación
Anemia por carencia de hierro

¿Te sientes fatigado sin motivo aparente?, ¿tus uñas están más frágiles de lo normal?, ¿tienes dificultad para respirar?, ¿te mareas con frecuencia?, ¿te cuesta concentrarte?...

... ¿te ha dado últimamente por masticar hielo, pintura, ropa u otras sustancias no nutritivas? Si has respondido afirmativamente a la mayoría de estas preguntas, probablemente estés pasando por un síndrome anémico por deficiencia de hierro.

La anemia es una enfermedad de la sangre, que se produce por una disminución anormal en el número de glóbulos rojos o de la concentración de hemoglobina en la sangre. La hemoglobina es un pigmento que da el color rojizo a la sangre, está contenido en los glóbulos rojos y su función es indispensable en el ser humano. Los glóbulos rojos o hematíes tienen la importante misión de absorber el oxígeno de los pulmones y transportarlo a los tejidos y células, para luego transportar el dióxido de carbono en sentido contrario. Su cuantía normal es de 5 a 5,5 millones por centímetro cúbico en el hombre y de 4,5 a 5 millones en la mujer.

El término anemia procede del griego y significa sin sangre. El tipo más frecuente es la ferropénica, producida por la carencia de hierro, elemento esencial para la producción de los hematíes. La relevancia de este mineral es, pues, extraordinaria. Suele ser más frecuente en las mujeres que en los hombres, ya que éstas necesitan el doble de hierro que la población masculina desde que comienzan a menstruar hasta la llegada de la menopausia. Las estadísticas calculan que 18 de cada 1.000 personas, que consultan a un médico por diversos motivos, padecen un síndrome anémico.

¿Por qué ocurre?

Son muchas las posibles causas de la anemia, y no todas están relacionadas con la alimentación. Una de las causas más importantes de la anemia es la pérdida constante de sangre precipitada por lesiones y enfermedades del aparato digestivo o por traumatismos, hemorragias, roturas de vasos, menstruaciones largas y abundantes, por mencionar algunas. Por fortuna para las féminas, pasada la menopausia se reduce la posibilidad de sufrir anemia, ya que no pierde hierro durante la menstruación.

Otra de las razones podría ser un problema en la formación de glóbulos rojos o un aumento en la tasa de destrucción de éstos (suelen sobrevivir unos 120 días en la circulación sanguínea bajo condiciones normales). Algunos individuos sufren enfermedades caracterizadas por la mala absorción de los alimentos, lo que les provoca una deficiencia de hierro.

La insuficiencia de hierro en la dieta es otro de los motivos principales, sobre todo, en lo que se refiere a los pacientes más jóvenes, personas mayores y aficionados a los regímenes de adelgazamiento. El hierro, la vitamina B12 y el ácido fólico son tres elementos requeridos para la producción de glóbulos rojos y se obtienen de los alimentos que consumimos.

Por lo tanto, cuando uno de estos presupuestos sucede, la sangre no puede suplir el oxígeno necesario para el funcionamiento de los tejidos del cuerpo y aparecen los molestos síntomas: fatiga, fragilidad de las uñas y el pelo, palidez, disnea, amenorrea, mareos y molestias gástricas. Otros signos menos comunes pueden ser: dolor de cabeza, irritabilidad, pérdida de apetito, dificultad de para cnocentrarse o trastorno de "pica", es decir, deseo de comer papel, pintura u otras sustancias no nutritivas.

A propósito del hierro

La cantidad de hierro recomendada varía según la edad y las circunstancias por las que se esté pasando. Los expertos en nutrición suelen recomendar una cantidad de 6 miligramos hasta los seis meses y, después, de 10 miligramos hasta los diez años. Para edades superiores, sugieren una cantidad de entre 10 y 18 miligramos diarios. Algunos entendidos incrementan la cantidad de hierro que se debe ingerir hasta unos 24 miligramos, para aquellos casos de mujeres embarazadas o con menstruaciones muy sangrantes.

El hígado y las lentejas no son los únicos alimentos ricos en hierro. Hay una gran variedad de alimentos que tienen un valioso contenido en este mineral, al igual que existen otros que dificultan su absorción. Asimismo, aunque dos alimentos tengan la misma cantidad de hierro, el aprovechamiento que hace el organismo de cada uno de ellos no es el mismo. Así por ejemplo, se absorbe mejor el hierro de la carne que el de la verdura. Si quieres saber más, puedes informarte en nuestro artículo de recomendaciones nutricionales para la anemia.

Ante la sospecha de anemia ferropénica, lo más importante es mantener una dieta rica en hierro y tomar algún suplemento, siempre bajo la supervisión del médico, ya que el exceso de hierro puede tener también serios problemas.


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