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Sedentarismo
No hacer ejercicio es malo para la salud
Los profesionales de la salud están de acuerdo en aceptar que el comportamiento sedentario, o lo que es lo mismo, la ausencia de actividad física habitual, es perjudicial para las personas.
Son muchos los que están interesados en mejorar su forma física, pero la mayoría de las personas coinciden en señalar que la dificultad estriba en la consolidación del hábito. No logran mantenerlo y, tarde o temprano, lo abandonan. Así lo demuestran en España algunos estudios, que revelan que el 40% de las personas son sedentarias.
En algunos casos, actividades físicas como ir a la compra o llevar a los niños al colegio, aún siendo más favorables para el organismo que el sedentarismo absoluto, suelen ser insuficientes para conseguir los beneficios que puede aportar otro tipo de deporte, como dar largos paseos, hacer natación o jugar al tenis.
Tan inconveniente como la ausencia de ejercicio resulta la actividad física inapropiada, bien por exceso cuantitativo (hacer más de lo que se debe) o cualitativo (realizar la actividad desde un planteamiento erróneo o ejecutar mal las tareas). Excesos que pueden propiciar riesgos y perjuicios graves para la salud, el bienestar, el funcionamiento general y, en definitiva, la calidad de vida de las personas. Así, para obtener beneficios la actividad tiene que ser convenientemente dirigida, planificada, ejecutada, autocontrolada y dirigida a la consecución de unos objetivos concretos: mejorar la salud, perder peso, ponerse más fuerte, etc. Es decir, el tipo de ejercicio tiene que ser adaptado a las condiciones y circunstancias concretas de cada individuo.
Una vez implantado un programa de ejercicio hay que evaluar si es fácil de seguir o no y preparar las condiciones para que sea lo más eficaz posible.
El deporte es salud
La adquisición de una vida más activa puede tener efectos muy positivos para el organismo. Los más usuales son los que tienen que ver con una mayor capacidad cardiorrespiratoria, producto de la mejora de la ventilación pulmonar, que permite: un mejor rendimiento ante demandas específicas, menor riesgo de enfermedades coronarias por la disminución del colesterol malo (LDL) y el aumento del colesterol bueno (HDL), la disminución de la presión arterial, la prevención de la hipertensión esencial, la mejora del ritmo intestinal, además de prevenir y disminuir los trastornos respiratorios. Por si eso fuera poco, también previene el deterioro de los huesos, la atrofia en el tejido muscular y el acortamiento y la rigidez de las articulaciones.
La realización de ejercicio físico, favorece además el mantenimiento del equilibrio psicológico. Se ha comprobado que puede aliviar estados de ánimo adversos, aliviar la ansiedad e incluso ayuda a prevenir la depresión. Los especialistas han observado que la actividad física puede prevenir y modificar conductas adictivas y otros comportamientos perjudiciales (como la conducta antisocial), desarrollar un estilo de funcionamiento basado en el compromiso, la perseverancia, el optimismo y la cooperación, y propiciar el fortalecimiento de la confianza, la autoestima y el autoconcepto (el concepto que cada persona tiene de sí misma).
A más edad, menos ejercicio
Según el estudio "Dieta y Riesgo de Enfermedades Cardiovasculares en España", desarrollado por el hospital Clínico San Carlos de Madrid y el servicio de bioquímica de la Fundación Jiménez Díaz, a medida que nos hacemos mayores desciende la proporción de españoles que practica algún tipo de ejercicio. Al igual que sucede con otros hábitos, no es fácil sustituir conductas tan consolidadas como el sedentarismo por otras alternativas menos gratificantes a corto plazo y, en principio, más costosas. Entre los 5 y los 12 años hace ejercicio el 80% de nuestros compatriotas mientras que entre los 45 y 65 años el porcentaje se reduce al 20%.
Pero no sólo la edad es importante, también el clima lo es. Se ha observado que en las zonas donde las temperaturas son más altas existe una mayor predisposición a llevar a cabo una menor actividad. En las regiones del sur y levante se hace menos deporte que en el norte.
El ejercicio físico moderado ayuda a prevenir el sobrepeso y la obesidad, la arteriosclerosis y con ella las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión arterial, las varices, la tromboflebitis, la artrosis y la osteoporosis.
Un alivio para los enfermos de cáncer
Por si eso fuera poco, también puede mejorar la calidad de vida de los pacientes con cáncer. Según un informe elaborado por investigadores de la Universidad canadiense de Alberta, la fatiga es uno de los síntomas predominantes en estos enfermos. Hasta ahora acostumbraba a tratarse con reposo, pero este estudio revela que la práctica de un ejercicio regular, de unos 20 minutos y una intensidad moderada (montar en bici, caminar rápido o nadar), mejora la capacidad funcional de estos pacientes, disminuye la fatiga a medio plazo, aumenta los niveles de hemoglobina, mejora la fuerza muscular y da un vuelco en la mejora de la autoestima. Siempre bajo la supervisión del médico, claro está.
En conclusión, nadie es demasiado mayor para disfrutar de las bondades de hacer ejercicio. Así que sed inteligentes, abandonad el sedentarismo e invertid 20 minutos al día en vuestra salud. No os arrepentiréis.
Tamarit
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