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| Entrevista con... |
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Michel Laline
De arquitecto a maestro chocolatero
"Chocolat Factory" es un invento que se sacó de la manga Michel Laline. Este arquitecto belga cayó, como quien dice, por accidente en Sant Cugat del Vallés, hace unos diez años, y ya ha abierto tres establecimientos en Cataluña.
Venía de otras latitudes y otros oficios, su cabeza bullía de ideas que no podía desarrollar y de poco le valían a su inquietud creativa los premios obtenidos en diseño e interiorismo. Quiso cambiar de aires y tuvimos la fortuna de que recalase en Cataluña y que, también por accidente, decidiese experimentar con el alimento de los dioses: "Su Majestad el Chocolate".
¿No hay demasiadas diferencias entre el hormigón y el chocolate?
Desde luego, las diferencias son muchas. Mi formación profesional fue la de arquitecto, aunque muy pronto me dediqué al interiorismo y al diseño industrial. Fue una etapa apasionante pero acabó quemándome, principalmente por el ambiente profesional y la dependencia de los clientes, cuyos caprichos mermaban mi inquietud por probar nuevas formas. Al cabo del tiempo, tuve necesidad de continuar por un camino de experimentación con otros materiales y sin presiones mercantilistas. El chocolate apareció en este momento. Ya hace de ello diez años.
¿Hay algún antecedente familiar que le hiciese dar ese giro en su vida profesional? Perdóneme, pero me resulta muy chocante ese cambio tan radical.
En absoluto, en mi familia no hay ningún referente en el mundo del chocolate ni de la gastronomía. Fue simplemente una cuestión de curiosidad. Tenía un amigo en Bélgica que se dedicaba a la fabricación artesanal de bombones y, en su taller, descubrí las posibilidades del chocolate como elemento moldeable.
Usted trabaja con moldes. ¿Es, tal vez, un recuerdo de los encofrados que se usan en la construcción?
No, no tiene nada que ver. El moldeado es la técnica que se utiliza en Bélgica; en España normalmente se trabaja con otro sistema, el bañado.
Se puede afirmar que "en cualquier ciudad belga uno tropieza, literalmente, con una chocolatería en cada esquina…"
Si, así es. La tradición por el chocolate arranca en Bélgica en el siglo XIX, el primer bombón se hizo en 1895. Ahora mismo, hay unas 600 marcas diferentes de chocolates, mientras que en Barcelona, que es el lugar de España con mayor tradición chocolatera, apenas tenemos siete.
¿Le añade al chocolate algún tipo de fragancia?
Jugamos con algunos sabores naturales y básicos: naranja, limón, moka, menta… Pero no entramos en esos experimentos que están de moda, como la mezcla de chocolate con anchoas o queso de cabra.
¿Chocolate con anchoas? ¿Lo dice en serio?
Sí, sí… y hay algunas combinaciones aún más estridentes. Yo trabajo con sabores más convencionales.
En cambio, no se puede decir lo mismo de las formas, como ese jarrón de chocolate blanco y hojas de chocolate amargo o la gallina rellena de huevos. ¿Cómo surgen las ideas para estos moldeados tan poco convencionales?
Las formas se encuentran hechas, son moldes industriales usados en la fabricación de elementos de uso común, como los juguetes. A partir de ahí se realizan algunas modificaciones para conseguir el resultado adecuado. También hay formas que se crean desde cero, ahí si que exploto mi experiencia en el campo del diseño. Es creatividad pura.
"Chocolat Factory" cuenta, ahora mismo, con dos tiendas en Barcelona y otra más en Sant Cugat del Vallés. ¿Qué es lo que compran sus clientes: la originalidad del diseño o la calidad de los chocolates?
La calidad del chocolate, que está muy por encima de la media. El diseño es el escaparate que sirve para reclamar la atención sobre el producto, pero si éste no fuese de una calidad excepcional no habríamos vendido las 20 toneladas de chocolate que pasaron por nuestro obrador el año pasado.
¿Utiliza un cacao de una procedencia concreta o mezcla texturas y sabores de diversas materias primas?
Con el cacao ocurre como con las viñas. La calidad de la tierra, el entorno y otros factores influyen en el sabor de una forma definitiva. Estoy trabajando ahora mismo con un cacao de Java (Indonesia), cuya plantación está muy cerca de una importante zona apícola. Pues bien, las abejas contribuyen a que este cacao tenga marcados sabores florales, es muy perfumado y delicado a un tiempo. Puedo mezclar este chocolate con otros procedentes de Sao Thomé (Brasil), que son más amargos, y a partir de ahí jugar con los diferentes sabores que dejan en el paladar.
Como diseñador e interiorista obtuvo importantes premios por el diseño de objetos como lámparas o sillas. ¿Ha ocurrido lo mismo con el chocolate?
Sí, aún más. En estos últimos años, hemos logrado varios premios internacionales, los últimos han sido el "Award of Excellence 2001" de Estados Unidos, el "FAB 2001" de Londres, el "Laus 2001", el "Anuaria 2001", el…
Pare, pare… Estas varillas de naranja con chocolate negro tienen un aspecto pecaminoso, ¿puedo…? ¿Existe en España una cultura del chocolate?
No demasiada la verdad. Cataluña, en este sentido, está a la cabeza, por eso aprovechamos esta incipiente afición para organizar catas de chocolate. Se trata de educar el paladar de los amantes del chocolate de la misma forma que se hace con el café o el vino. Así la gente puede apreciar y diferenciar los diversos sabores del cacao, según sea su procedencia o la técnica utilizada para su elaboración.
¿Cuál es la principal diferencia entre los paladares belgas y los españoles a la hora de saborear un chocolate de primera calidad?
El chocolate belga es muy dulce, en España se aprecia más el chocolate amargo. Aunque, últimamente, ha aumentado de forma vertiginosa la demanda del chocolate con leche y la del blanco. En nuestro obrador ya casi andan a la par la demanda del clásico chocolate amargo y del blanco.
¿Me puede adelantar cuál es el último diseño de Michel Laline? Ese que todavía no ha llegado a las tiendas.
Será una esfera de chocolate moldeado en rejilla, a través de la cual se verá el contenido: 18 bombones rellenos de licor, 18 sabores diferentes en el interior de una esfera comestible de chocolate amargo. He querido dar la vuelta al clásico envase de bombones y establecer un juego de cata con el consumidor, que tendrá que romper la esfera para acceder a su contenido. En definitiva, se trata de que el envase sea tan apetitoso como lo que contiene.
Son las 10:00 de la mañana cuando abandono el obrador de Michel Laline en Sant Cugat del Vallés, dejo tras de mí un hipnótico aroma de chocolate fundido y mientras saboreo las Varillas de corteza confitada de limón bañadas en chocolate blanco que me ha obsequiado, me planteo seriamente abandonar mi profesión y llamar de nuevo a la puerta de este chocolatero para ofrecerme como aprendiz de catador. Dudo que esta especialidad laboral esté registrada en el Instituto Nacional de Empleo y, en cualquier caso, no creo que mi adicción al chocolate congeniase con el propósito de "Chocolat Factory".
Chocolat Factory.
Amigó, 53. Barcelona. Tel.: 93 209 54 26.
L´Illa Diagonal. Barcelona. Tel.: 93 444 01 23.
Doctor Murillo, 7. Sant Cugat del Vallés. Tel.: 93 674 88 39.
Joan Biosca
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