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Arte y gastronomía
Pan de Dalí (II)
Cuando Dalí pinta un pan, parece interesado en representar, de algún modo, aquellas cualidades tangibles, concretas, alimenticias resaltadas por los tratados de nutrición.
Pero hay algo más. Los panes de Dalí, solitarios, difíciles y recortados, se abren o se rompen, con el fin de delatar su doble naturaleza quebradiza y esponjosa, hecha de la harina de una tradición cultural y religiosa que ata y obliga, y del agua liberadora de la que beben los sueños, las obsesiones, el inconsciente, y que le lleva a afirmar "el pan es como el armiño del blasón de Ana de Bretaña, símbolo de la pureza. El pelo del armiño es, de hecho, la exacta representación de la miga de pan en su blancura perfecta".
Esa visión del pan, arropado por el mimbre de una cesta, o de un paño de hilo, o expuesto en un campo abierto escoltado por la figura de un peón desorientado, como referencia a lo cotidiano, esconde en su placidez y aparente calma otros usos, como por ejemplo el dado por las brujas en sus aquelarres, donde era objeto de un extraño rito encaminado a proporcionarle propiedades afrodisíacas. Las oficiantes antes de la cena, apoyaban sus posaderas desnudas sobre la masa de pan y se restregaban, rítmica y provocativamente, contra ella antes de que los invitados se lo llevaran a la boca.
Dalí que lo ensalzó en sus lienzos, además lo descubre como alimento con capacidad para amenazar y generar la alarma cuando nos propone una maléfica broma: "cocer un pan de quince metros de largo en un horno especial. Una vez el pan haya sido horneado según la mejor tradición de la tahonería francesa, envolverlo con periódicos viejos y atarlo. Por la noche, miembros de la Sociedad Secreta del Pan, vestidos de obreros, penetrarán en los jardines del Palais Royal y lo depositarán en su centro. Bastará esperar a que a la mañana siguiente alguien se pregunte qué hace aquello allí, lo desate y lo desenvuelva para que se asuste. Primero se dudará de la realidad de la barra de pan. Se avisará a los laboratorios y a la policía, vendrán artificieros, sospecharán venenos. Algunos días más tarde se situará otro pan de quince metros en el Palacio de Versalles, luego otro en la Plaza de la Concordia, al pie del Obelisco, en Hyde Park, en la Plaza Santa Catalina de Bruselas, en el Capitolio de Roma... El sentido poético y provocador de los panes gigantes así multiplicados creará una confusión total que culminará en una histeria colectiva. Se debe entonces aumentar el tamaño de las barras hasta los cuarenta metros o más".
Continuará...
Isadora
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