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| Viaja y come |
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Por tierras vallisoletanas
De vinos y avestruces
La popular expresión "ancha es Castilla" produce en el viajero un recuerdo imborrable de las amplias llanuras castellanas, tierras de campos y grandes extensiones dedicadas al cultivo de los cereales, que eclipsan y ocultan otro tipo de paisajes y parajes como los páramos o los valles que forman los ríos.
Por la hoy desolada y yerma paramera vallisoletana, hace años poblada de encinares y robledales, la historia ha dejado profunda huella. Los pueblos emplazados en sus principales colinas, oteros y alcores, conservan aún sus majestuosas iglesias y los otrora inexpugnables castillos.
El río Pisuerga, por su parte, es objeto de innumerables frases hechas que lo han dado a conocer a costa de olvidar que en su valle se cultiva desde hace años el viñedo, y que en los pueblos de su entorno abundan las bodegas excavadas bajo tierra. Bodegas que permiten la perfecta conservación de sus vinos, así como la celebración de todo tipo de eventos y fiestas gastronómicas.
Villalba de los Alcores
Asentada sobre un alcor del que toma su nombre, en las estribaciones del páramo de los Montes Torozos, podemos encontrarnos esta villa histórica de recomendada visita que aún conserva su castillo, muralla y recintos fortificados, su iglesia templaria del s.XII (Santa María del Temple) y su parroquia, Santiago Apóstol, auténtico crisol de estilos.
Mucientes
Muy cerca de allí, entre los Montes Torozos y el valle del Pisuerga, en la ruta de Fuensaldaña a Cigales -pueblos muy próximos a Valladolid que albergan las Cortes de Castilla y León y dan nombre a una Denominación de Origen respectivamente-, se enclava el pueblo de Mucientes rodeado de suaves lomas horadadas de bodegas.
Si bien las bodegas de Fuensaldaña son las más populares y frecuentadas de la zona, por su mayor proximidad a la capital y el espaldarazo político que supuso el alojamiento de las Cortes en su renovado castillo, desde aquí os proponemos una bodega de Mucientes. Responde al nombre de La Cueva (Tel.: 983 58 77 84) y en ella podréis encontrar todos los productos tradicionales de la gastronomía castellana y una excelente carta de vinos.
En su castellana carta podemos encontrar todas las especialidades propias de este tipo de establecimiento. Una forma posible de afrontar la difícil tarea de seleccionar entre tantos manjares puede ser la combinación de una tortilla española, con morcilla de Burgos, cecina leonesa, croquetas caseras (de jamón o bacalao) para luego dar paso al lechazo de la tierra y las chuletillas de cordero acompañadas de una internacional ensalada mixta. Todo ello regado por un buen vino, que no tiene por qué ser un rosado especial de la casa (vino que tanta fama le dio a la zona de Cigales, que hace ahora esfuerzos por dar a conocer sus nuevos tintos) sino que puede ser un tinto de los más de 50 que nos presenta su carta.
Antes de acometer semejante banquete, es recomendable visitar las instalaciones de una curiosa explotación cercana.
La granja Avestruces El Monte
En la carretera de Mucientes a Villalba de los Alcores, en una enorme finca a la altura del kilómetro 10, se encuentra la granja de avestruces más grande de Europa, que responde al nombre de Avestruces El Monte.
Esta granja nos ofrece no sólo la posibilidad de realizar una visita concertada -para lo que hay que llamar al teléfono 983 48 20 25- sino también la de pasar por su tienda-restaurante, donde se pueden comprar y degustar todos sus productos frescos, en conserva o semiconserva, cuya comercialización tienen centralizada en sus oficinas de Mercaolid (983 34 25 53).
En Avestruces El Monte todos los detalles se convierten en anécdotas para el profano.
La granja cuenta, en la actualidad, con más de 2.000 avestruces, que originariamente fueron traídas de Sudáfrica y hoy se reproducen con total normalidad en España. El Monte dispone de matadero propio y toda la infraestructura necesaria para la incubación de los huevos, por lo que también presta servicio a otras explotaciones de menor capacidad.
Entre los avestruces, que viven en grupos, destaca por su importancia el colectivo de los reproductores, con ejemplares de entre dos y ocho años dedicados exclusivamente al apareamiento y la reproducción. Su período de procreación va de marzo a octubre, una vez fecundado el avestruz el periodo de gestión es de 40 días, tras lo cual ponen un huevo cada dos días. Cada gestación se compone de un ramillete de entre 10 y 30 huevos, con una tasa de infertilidad que puede ir del 10 al 50% en el peor de los casos. Los huevos infértiles se vacían y se utilizan para la decoración.
Los huevos fértiles se retienen unos días en las incubadoras para concentrar los nacimientos. De esta forma, se van separando las diferentes camadas, de distintas edades y tamaños, en recintos separados. El momento óptimo, por tanto, para visitar una granja como esta es el mes de octubre, fecha en la que pueden divisarse pollos de todas las edades, pelajes y colores.
Al superar su primer año de vida ya alcanzan los 100 kilos de peso, por lo que éste es el momento elegido para su sacrificio. Del avestruz se aprovecha casi todo. Los productos alimenticios se pueden dividir en frescos (solomillo, filete y morcillo), semiconservas (roti, chorizo y lacón) y conservas (mousse, molleja en confit y rillete).
Para más información puede visitarse su página web: www.avestruceselmonte.com
Tino Bonilla
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