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| Entrevista con... |
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Enrique Mapelli
"Si malo es tener que recurrir al bicarbonato, peor es oír el canto de las tripas vacías"
Miembro de la Academia Española de Gastronomía, de la Academia Andaluza de Gastronomía y la Academia Gastronómica de Málaga, es autor de media docena de libros dedicados a la cocina andaluza.
Por si eso fuera poco, posee, entre otros, el Premio Francia de Gastronomía, la Medalla de Oro de la Asociación Española de Cocineros y Reposteros y el Plato de Oro de la Gastronomía Española. Su último libro, "La Gastronomía en Verso", acaba de publicarse.
Abre su libro diciendo "de una buena digestión, del recuerdo de un sabroso manjar o de la esperanza de una opípara comida puede que no salga una obra de arte versificada, aunque sí algo escrito con ingenio y gracia". En su opinión, ¿qué produce mejores obras literarias, el hambre o un estómago satisfecho?
Sin duda ninguna el hambre ha producido obras de arte estupendas, como toda la novela picaresca española, pero no han sido escritas por el hambre sino por el ingenio de su autor.
Cervantes dijo que la felicidad no es buena para la literatura. ¿Está de acuerdo en que lo mejor para escribir bien es sufrir mucho?
En el caso de Cervantes, que sufrió mucho en las cárceles de Argel y en la guerra, eso debe ser cierto. No en vano, escribió la obra cumbre de la literatura. También Bécquer escribía con lágrimas en los ojos y no lo hizo nada mal.
Neruda también está presente en sus páginas, en esa "Oda al Caldillo de Congrio" que dice...
"Lleven a la cocina el congrio desollado, su piel manchada cede como un guante y al descubierto queda entonces el racimo del mar, el congrio tierno reluce ya desnudo, preparado para nuestro apetito..."
Lo describe de tal modo, que en vez de un pescado desollado y puesto encima de un plato, parece que hablara de un amante que espera pacientemente ser abordado por su amada...
Ahí está su maestría, porque además describe un pescado feísimo. Aparte de esta oda, Neruda tiene muchos poemas dedicados a la gastronomía y todos prodigiosos, con una capacidad de descripción increíble.
Es gracioso lo que cuenta, a continuación, del escritor chileno autor de "Los refunfuños" que llama poco menos que glotón y tragaldabas a Neruda.
Sí, dice de él que era "experto en la ingurgitación* de alimentos".
Uno de los versos más bonitos que recuerdo son las "Nanas de la Cebolla" de Miguel Hernández, que también aparece en su libro.
Sí, y dicen así: "La cebolla es escarcha cerrada y pobre. Escarcha de tus días y de mis noches. Hambre y cebolla, hielo negro y escarcha, grande y redonda".
De todos los versos que ha recogido, dígame alguno de sus preferidos.
Sin duda el soneto de Quevedo que dice, "Comer hasta matar el hambre, es bueno; más comer por cumplir con el regalo hasta matar al comedor, es malo, y la templanza es el mejor galeno".
Hay quien dice que el cocido madrileño, ese cocido "repicando en la buhardilla, que me sabe a hierbabuena y a verbena en las vistillas" más que unos versos se merece un monumento. ¿Cuál cree usted que es nuestra joya gastronómica?
Cuando está bien hecha, la paella valenciana.
¿Y de su tierra, de Málaga?
El ajoblanco, acompañado de uvas moscatel cuando es la época, en agosto y septiembre.
También hace mención en su libro de esa parcela de nuestras letras llamada la literatura del hambre que hemos mencionado antes, con héroes tan antihéroes como el Lazarillo, Guzmán de Alfarache o El Buscón, de donde salen estas célebres palabras: "trajeron caldo en unas escudillas de madera, tan claro, que en comer una de ellas peligrara Narciso más que en la fuente". En su opinión, ¿qué es lo mejor para saciar el hambre?
En primer lugar, creo que es necesario comer despacio, sin prisas, sin glotonería y en cuanto a alimentos, yo escogería pan, queso y un buen vino.
Dice en su obra, que el elogio al vino es el tema que más aparece en los versos y rimas en lengua castellana.
El español bebe, y bebe a diario, pero no bebe bien, la cultura del vino está poco extendida. Tal vez influya en ello los precios, ves una carta de vinos y te das cuenta de que están carísimos.
En ese capítulo precisamente habla de las coplas de ciego o romances en pliegos de cordel, una tradición desaparecida que, además, era injustamente despreciada y a la que hoy se valora muchísimo. ¿En qué consistía exactamente?
Era habitual en los pueblos que un ciego, acompañado de un lazarillo, extendiera unos grandes cartelones con historias representadas en viñetas, a la manera de un cómic. Atraían a la gente con sus narraciones, contándolas de viva voz y señalando a la vez las imágenes con un puntero.
¿Qué contaban esas historias?
Leyendas, historias de la vida y costumbres, como la mujer que prefirió la muerte a la deshonra, y también historias truculentas, crímenes pasionales, como aquel del marido engañado que mató a su mujer y luego cocinó sus hígados y se los dio a comer al amante.
¿Tiene contacto con sus lectores?
No, no tengo esa suerte. Mis libros son bastante modestos.
¿Es usted tan hábil frente a los fogones como escribiendo?
Eso es presuponer que soy hábil escribiendo, lo cual es mucho, y en cuanto a lo de cocinar, no, no se me da bien. Prefiero investigar y comer.
Confiese alguna debilidad culinaria.
Los huevos fritos con chanquetes, que son muy difíciles de encontrar al estar su venta perseguida. Su pesca arrastra muchos alevines y además están casi en extinción. En Málaga se han tomado mucho, pero ahora...
¿En qué proyecto está trabajando ahora?
En un libro de recetas en fichas para el "Diario Sur de Málaga". Hemos hecho las cien primeras de "Cocina Tradicional Malagueña" y ahora me han encargado otras cien bajo el título de "Cocina de Nuestra Tierra".
Después de leer "La Gastronomía en Verso", uno saca la conclusión de que la mayoría de las veces el que escribe lo hace como un acto de agradecimiento, de reconocimiento público... o sea, que es un estómago satisfecho.
Sí, en su mayor parte podríamos decir que son loas a los alimentos en agradecimiento por haber podido disfrutarlos. Pero también tenemos algunas otras como la "Oda a la Patata", que escribió un filólogo en el Ateneo añorando las patatas que, durante la guerra, no podía comer y de las que se acordaba nostálgicamente mientras se le hacía la boca agua. Dice así: "se han cumplido mis antojos, estás aquí ante mis ojos, rubia y chata, no eres pues sombra ilusoria, ni vano tema de historia, ni ensueño, ni patarata, ¡existes, noble patata!".
¡Qué sería de nuestra gastronomía sin ella!
Pues no sería lo mismo, y eso que durante muchísimo tiempo los españoles se mostraron muy reacios a tomarla y se la daban a los animales, hasta que Parmentier la puso de moda en Francia y los españoles adoptamos su uso. Luego, ha sido el gran recurso para las épocas de hambre. A mí, es uno de los alimentos que más me gustan. Por cierto, que habría que llamarlas papas, que es su nombre correcto.
¿Usted cómo las llamas?
Patatas, pero habría que llamarlas papas.
Pues a las papas vamos a dedicarles las últimas líneas de esta entrevista. ¿Cómo sigue esa oda?
"Hoy rendido a tu conjuro, bajo tus auspicios juro, de la huerta flor y nata, vivir por ti, gran patata".
*ingurgitación: Acción y efecto de ingurgitar, engullir (tragar la comida atropelladamente y sin mascarla).
Isadora
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