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| Viaja y come |
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La ciudad del Pisuerga
Valladolid, antigua capital del Reino de Castilla
La ciudad, que vio nacer a importantes personajes históricos, mira hacia el futuro sin olvidar sus raíces. Asentada entre dos ríos, el Pisuerga y el Esgueva, Valladolid guarda importantes huellas del pasado entre sus calles.
Su origen se remonta hasta el siglo XI, cuando el Conde Don Pedro Ansúrez la convierte en centro de sus posesiones. Desde esa fecha, por sus calles han transitado algunas de las figuras históricas más importantes de nuestro país. Allí se casaron los Reyes Católicos. Allí murió Cristóbal Colón, cuya casa-museo situada en la calle Colón está abierta al público. Allí nacieron Enrique IV, Felipe II, Felipe IV y Ana de Austria, madre del rey Luis XIV de Francia.
A pesar de ser su ciudad natal, Felipe II no tuvo ningún reparo en quitarle a Valladolid su condición de capital del Reino, que trasladó a la Villa de Madrid. Esto no sucedió una sino dos veces, un hecho que la sumió en una profunda decadencia de la que está saliendo en los últimos años.
No sólo de reyes se alimenta la historia de la ciudad, a la que están ligados muchos personajes artísticos. Uno de los más importantes, por no decir el que más, fue el romántico José Zorrilla, al que están dedicados un paseo (convertido en una importante vía de comunicación), una plaza, una estatua y un museo en la casa donde nació el poeta (Fray Luis de Granada, s/n). Miguel de Cervantes fue otro de los grandes artistas que vivió en esta monumental ciudad, donde aún conservan la casa donde vivió, con el mobiliario, las piezas artísticas y domésticas de la época (Rastro, s/n).
Ruta monumental
Nuestro recorrido comienza en el Colegio de Santa Cruz, un edificio del siglo XV que ha sufrido añadidos posteriores de diferentes estilos. Fundado por el Cardenal Mendoza, en él destacan el patio interior, la capilla donde se guarda la talla "El Cristo de la Luz", de Gregorio Fernández, y la biblioteca, que aún conserva un importante fondo bibliográfico.
De ahí, caminando por la calle Librería, se llega a la Plaza de la Universidad, donde se encuentra la estatua dedicada a Cervantes. La Universidad, cuya fachada es un claro ejemplo del barroco vallisoletano del siglo XVIII, está considerada como una de las más antiguas de España.
Frente a la Universidad está la Catedral, uno de los edificios que se quedaron inconclusos por la construcción del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial de Juan de Herrera. En su interior, se ha instalado el Museo Diocesano y Catedralicio, donde se exhibe una colección del tesoro de las catedrales y antiguas parroquias de la comunidad.
Cerca de este edificio se halla la Iglesia de la Antigua, vetusta capilla del Palacio del Conde Ansúrez. De ella los únicos vestigios que se conservan son su esbelta e impresionante torre románica y uno de los claustros del siglo XIII, el resto son añadidos góticos de un siglo después.
Uno de los rincones más bonitos de la ciudad es la Plaza de San Pablo. Para llegar hasta allí hay que cruzar la calle de las Angustias -hoy Bajada de la Libertad y antes Corredera baja de San Pablo, citada en "El Hereje", la última obra del ilustre vallisoletano Miguel Delibes-, donde se encuentra el Teatro Calderón, un edificio construido en el siglo pasado al estilo italiano, y la Iglesia de las Angustias del siglo XVI. Ya en la plaza, no hay que dejar de admirar la Iglesia de San Pablo, un antiguo convento de los dominicos reconstruido por Torquemada.
En nuestra visita no podía faltar otro monumento típico de la capital de Castilla y León como es el Palacio de Pimentel, actual sede de la Diputación Provincial y antiguo palacio donde nació Felipe II. Su fachada, con una ventana angular de estilo plateresco, su patio y el zaguán interiores, donde se recogen las escenas de la vida del monarca realizadas en cerámica de Talavera, son lo más destacado.
Para finalizar la ruta, nada como acercarse al Palacio de Villena, un edificio anexo al Museo Nacional de Escultura situado en el Colegio de San Gregorio del siglo XV. Este último se construyó para acoger a los frailes dominicos que estudiaban teología. Desde 1933, alberga una importante colección de esculturas religiosas del siglo XIII al XVIII, entre las que destacan las de Alonso Berruguete, Gregorio Fernández y Juan de Juani.
Como buena ciudad castellana, Valladolid tiene todo tipo de iglesias y conventos esparcidos por el centro histórico, a los que no está de más, si se tiene tiempo y ganas, hacer una visita.
Dónde comer
La gastronomía de la capital de Castilla y León es muy variada, con un amplio repertorio de asados, guisos y salsas. Entre los platos típicos destacan el bacalao ajoarriero, las manitas de cerdo rebozadas, el lechazo asado en horno de leña, las codornices y perdices en escabeche y la gallina en pepitoria. Todo ello bien regado por los maravillosos tintos de la Ribera del Duero o los blancos de Rueda.
Uno de los restaurantes clásicos, ahora instalado en un palacio renacentista, es el restaurante Germán (Fray Luis de León, 22. Tel.: 983 290 309), un lugar tranquilo, con encanto, ideal para comidas de negocios o celebraciones familiares, gracias a que está ubicado fuera del bullicio de la Plaza Mayor pero a dos pasos del centro. Destaca por su esmerada cocina internacional y de temporada, así como por su variada y amplia carta de vinos.
Otro de los locales con más solera de la ciudad es el restaurante La Abadía (Guadamacileros, 5. Tel.: 983 330 299), cuya especialidad son los guisos. Tampoco hay que olvidarse de La Goya (Puente Colgante, 79. Tel.: 983 34 00 23), una casona situada junto al puente colgante y al río Pisuerga donde se puede degustar un buen faisán; La Parrilla de San Lorenzo (Pedro Niño, 1. Tel.: 983 335 088), que se encuentra en los bajos del Museo del Monasterio de San Joaquín y Santa Ana y es famosa por sus estupendos asados al horno; o el restaurante Cervantes (El Rastro, 6. Tel.: 983 306 138), donde disfrutar de un buen plato de Arroz con liebre y merluza encebollada.
El tapeo
A media mañana, en Valladolid no hay nada mejor que ir de tapas por la zona centro. El caballo de Troya, un mesón que se encuentra en un edificio renacentista con un patio interior muy acogedor, es uno de los más conocidos de la ciudad; mientras que en Santi (Correos, 1. Tel.: 983 33 93 55) no hay que perderse sus fantásticas cazuelitas de callos o morros a un módico precio. En la calle Calixto Fernández de la Torre y los alrededores de la Plaza Mayor, se puede elegir entre diferentes locales para probar los vinos de la zona y todo tipo de tapas. No os arrepentiréis.
Dónde dormir
La oferta hotelera es de lo más variada. Uno de los establecimientos más conocidos de la ciudad es el hotel Felipe IV (Gamazo, 16. Tel.: 983 307 687) de cuatro estrellas, situado cerca de la Plaza España. Otras opciones son el Mozart (Menéndez Pelayo, 7. Tel.: 983 29 77 77), de tres estrellas y enclavado en un edificio histórico de una de las mejores zonas de Valladolid, y La Vega (Ctra. Salamanca, km. 131. Arroyo. Tel.: 983 40 71 00), de cuatro estrellas y ubicado a las afueras.
De marcha
Para salir por la noche se pueden elegir diferentes zonas, dependiendo del carácter y los gustos musicales de cada cual. Quizá la zona más conocida sea la de Coca, cerca de la Plaza Mayor. Allí hay bares de ambiente tranquilo y también pubs con música española de todas las épocas, como Sucursal, Molly Malone (Pza. del Poniente) o Camelot (San Lorenzo, 7). El Pasaje Gutiérrez es otro de los clásicos, no en vano allí están La Negra Flor, La Tertulia o Pijama.
Los aficionados a la salsa no deben dejar de visitar la zona de San Miguel y para los que gustan de ritmos más alternativos la plaza de Cantarranas, con El Malecón como buque insignia, es una buena opción.
En la zona de la playa, situada justo detrás del Paseo de las Moreras, se encuentra el local más de moda del Valladolid veraniego: El chiringuito de la Playa. Allí, al calor del río, se puede disfrutar de un buen cóctel en su amplia terraza.
Más información:
Oficina de Turismo: Plaza Zorrilla, 3. Tel.: 983 351 805.
Ayuntamiento de Valladolid: www.ava.es
www.asomateavalladolid.org
A. Torrescassana y F. Vallcaneras
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