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Con nombre propio
Isadora
Cómo tomarse una buena taza
La hora del té (y III)



En Europa, los ingleses pasan por ser sus más leales amantes y son ellos los que han edificado las tradiciones más sólidas en torno a él.

Reglas para conseguir una buena taza de té.

1. Enjuagar la tetera varias veces con agua hirviendo hasta templarla.
2. Poner una cucharadita de té por persona, más una de propina que es la de la tetera.
3. Calentar el agua hasta el punto de ebullición pero nunca permitir que hierva.
4. Echar el agua caliente en la tetera, tapar y dejarla reposar unos cinco minutos.
5. Si se va a tomar con leche, verter ésta primero sobre la taza y luego echar el té.

El ajuar que rodea su consumo es otro aspecto que los auténticos amantes de esta milenaria bebida cuidan al extremo.

El té se conserva en latas metálicas, herméticamente cerradas, que aprisionan el aroma y protegen a las hojas de la humedad. La tetera ha de ser de cerámica o porcelana, materiales más afines a la infusión que la plata. Nunca debe lavarse con jabón, sino que debe hacerse sólo con agua, y bajo ninguna circunstancia debe utilizarse para otra infusión, pues podría contaminar el poso que, bajo el aspecto de una fina capa de polvo marrón, va depositando el té sobre las paredes de la tetera. Cuando no se va a utilizar en mucho tiempo es aconsejable cubrir el fondo con azúcar, para que absorba la humedad y los olores rancios. La taza también ha de ser de cerámica, barro o porcelana, y cuanto más fina, mejor. Existen tazas con una tapita provista de un colador, para facilitar la labor a los amantes solitarios del té.

Frente a los ingleses, los rusos son amantes de los samovares, de plata o alpaca, con un pequeño grifito por el que el té cae directamente a la taza.

Los japoneses, en su afán de que el metal no contamine el preciado néctar, también llamado "baba de dragón" o "espuma de jade fluida" mueven el té con varillas de bambú.

La raíz humana

Mientras el té consolida su poderosa presencia desde el desayuno hasta las últimas horas del día, una milenaria raíz viene a revolucionar la hora de la sobremesa: el ginseng. Su nombre quiere decir "raíz humana" y durante siglos las mejores piezas se han llegado a cotizar al precio del oro.

El ginseng es un gran reconstituyente del organismo, repone las energías perdidas y contiene almidón, azúcares, minerales como el zinc, cobre, magnesio, calcio, hierro, manganeso y vanadio, y vitaminas del grupo B, B1, B2 y B12. Para suavizar en parte sus efectos, en China lo toman combinado con el regaliz o el dátil chino.

Actualmente, los sobrecitos ya preparados con una cantidad calculada para una o dos tazas, envuelven a las hojas secas de té y otras plantas. La industria comercializa estos sobres ya que suprimen la necesidad de filtro o colador y ahorran tiempo. Antiguamente eran de gasa y hoy son de un papel preparado para soportar altas temperaturas sin deshacerse. Los detractores de estas bolsitas las acusan de encerrar mezclas de hierbas y hojas de baja calidad y de transferir sabor a papel al agua, además de anular de un plumazo la ancestral ceremonia que acompañaba a una taza de infusión. Pero son muchos los que las prefieren a las hojas tradicionales.

Son fáciles de encontrar, aparte de los de té sobradamente populares, los sobres de otras plantas como la menta, la manzanilla o la tila. Hay que acudir a herbolarios y tiendas especializadas para encontrar otras hierbas que, hoy por hoy, las grandes casas no comercializan o cuando se trata de infusiones y tisanas con mezclas de varias plantas.

Fin.



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