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| Viaja y come |
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La Blanca Subur
Sitges, una ciudad de cine
Esta pequeña localidad costera, próxima a Barcelona, ha sabido conservar el encanto del pueblecito de pescadores que fue en otra época. Todo sin renunciar a ser punto de encuentro de la comunidad gay y los amantes del séptimo arte.
Sitges es famoso en el mundo entero por su Festival de Cine. Pero este certamen no es el único acontecimiento destacado que se celebra en esta encantadora localidad. Cuenta, entre otros, con las Fiestas Mayores de agosto, el Festival Internacional de Teatro y uno de los Carnavales más afamados de Cataluña.
Situada al sur del macizo del Garraf, entre Barcelona (de la que la separan sólo 36 kilómetros) y la ciudad romana por excelencia, Tarragona (a 70 kilómetros de distancia), no alcanzó el título de centro cultural hasta 1892. Ese fue el año elegido por el grupo de artistas modernistas comandados por el pintor Santiago Rusiñol para trasladarse hasta Sitges. Su relación con la ciudad fue tan estrecha que acabó por legar su colección al Museu Cau Ferrat.
Los interesados en algo más que la juerga, también pueden darse un baño de historia en la iglesia parroquial de San Bartolomé y Santa Tecla, construida en 1672, y admirar el bellísimo Palacio y Museo Maricel, el Palacio del Rey Moro y el Museo Romántico, instalado en la neoclásica Casa Llopis. Si a eso le sumamos el cautivador casco viejo y las extensas playas, de aproximadamente un par de kilómetros, no es extraño que Sitges sea uno de los centros de afluencia turística más populares de la Costa Daurada. Sobre todo entre el colectivo gay, que ha convertido esta ciudad en uno de los focos turísticos más importantes de Europa.
Qué comer
Comer en Sitges es uno de los placeres más agradables que puede encontrar el visitante. Y si no que se lo pregunten a los barceloneses, muy aficionados a darse una vueltecita todos los domingos por alguno de los restaurantes de esta localidad. El plato más típico de la gastronomía de Sitges es, sin ningún tipo de duda y desde hace ya un siglo, el xató, un manjar muy típico de la época de cuaresma.
Restaurantes hay en el centro para todos los gustos, igual que en la playa. En el número 24 de la calle Virgen del Pilar encontramos el Boccalino. Allí se puede degustar una estupenda cocina catalana, carnes a la brasa y pizzas. Hasta 19 variedades que oscilan entre los 5 y los 8 euros. Los mismos propietarios poseen otro local en la Plaza de España en el que podrás disfrutar de la misma calidad en la comida.
De copas
En la playa no hay que dejar de visitar El Chiringuito, el primer local de España con este nombre, ni Pachito en la calle Primero de Mayo. No te arrepentirás.
Dónde dormir
Sitges tiene a disposición del turista hoteles, apartamentos, cámpings y pensiones tanto en el núcleo urbano como en las urbanizaciones y poblaciones cercanas.
Entre los mejores hoteles cabe mencionar el Hotel Meliá Gran Sitges (Tel.: 93 811 08 11) y el Hotel Estela Barcelona (Tel.: 93 811 45 45), situados ambos en el Port d'Aiguadolç. En el otro extremo de las playas, están el Subur Marítim (Passeig Marítim, s/n. Tel.: 93 894 15 50), el Hotel Terramar (Passeig Marítim, 80. Tel.: 93 894 00 50) y el Calípolis ( Avenida Sofia, 2-6. Tel.: 93 894 15 00).
Si buscas algo más económico puedes encontrar algo a tu gusto en el cámping El Garrofer (Tel.: 93 894 17 80), ubicado en la carretera C. 246 a la altura del kilómetro 39, o también puedes intentarlo en alguna de las pensiones que hay en la localidad. Te recomendamos tres cuyos precios van desde los 42 euros hasta los 54. Son las siguientes: Bonaire (Bonaire, 31. Tel.: 93 894 53 26), Marice (Tacó, 11. Tel.: 93 894 36 27) y el Hostal Termes (Passatge de Termes, 9. Tel.: 93 894 23 43).
Cómo llegar
Las principales vías de comunicación para llegar a la antigua Blanca Subur romana desde Barcelona son la autopista A-16 (de peaje), la carretera comarcal 246 (también conocida por la carretera de las costas de Garraf), la autopista A-7 y el servicio de ferrocarril, que para cada media hora aproximadamente.
Para más información:
www.sitges.com
E. Florences y F. Vallcaneras
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