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Con nombre propio
Isadora
Del mal de amores al estrés
La hora del té (II)
En la época en que nuestras damitas suspiraban de amores, se importaban del Perú las raíces trituradas de una planta con un nombre sugerente, la Calaguala, que prevenía los desmayos, los sustos y los disgustos y que, seguramente, nunca faltaba en la despensa de las mejores casas por aquello del más vale prevenir que curar...
Tampoco debía faltar el orégano, recomendado para los dolores menstruales, el asma y el resfriado, ni la salvia, que combatía la acidez y ayudaba a la digestión, o el tilo, en cuya corteza se concentra la mayoría de los principios activos de la planta, que es sedante y combate el insomnio. El tomillo se diagnosticaba para luchar contra la inapetencia y la tos ferina, la valeriana para combatir el nerviosismo y la violeta para aliviar la tos.
Hoy, los herbolarios modernos, atienden más casos de estrés, cansancio o insomnio que de amores despechados. Hay quien prefiere las plantas que ayudan a limpiar y desintoxicar el organismo, como el poleo, la mejorana o la achicoria; hay quien se inclina por las que tonifican y estimulan, como la verónica o el té; y muchos por aquellas cuyas virtudes sedantes combaten el estrés y procuran la calma como el lúpulo, el anís o la manzanilla. El cansancio intelectual se combate con tomillo, verbena y corteza de naranjo. El colesterol, con corteza de tilo y zarzaparrilla; las digestiones lentas, con una mezcla de salvia, anís, raíz de genciana y cardo santo; la halitosis, con albahaca, menta, salvia, fresno y tomillo; las migrañas, con abedul, verbena, milenrama y albahaca. Para obtener un sueño feliz hay que combinar la acción de la camomila con el azahar, el naranjo salvaje y la verbena. Y nada como el ginseng para devolver al organismo la energía que necesita.
Algunas plantas como el "adonis" o la "ruda" han sido retiradas de los herbolarios por contener principios tóxicos, pero hubo un tiempo en que en ciertas boticas de Centroeuropa llegó a venderse adormidera, es decir, opio, tanto por sus propiedades para calmar el dolor como porque las semillas maduras se empleaban en aderezar ciertos asados.
Hoy por hoy, el té sigue siendo el gran patriarca de la familia de las infusiones. El hombre oriental asoció su origen a emperadores, santos y dioses. Para los chinos fue el emperador Shen Nung el primer hombre que probó el té hace más de cuatro mil años. Para sus vecinos hindúes, al monje budista Darma le corresponde el honor del hallazgo. Fuera quien fuese el primero, detrás vino una legión numerosa de adictos. A Occidente el primero en llegar fue el té verde pero pronto fue desplazado por el negro, de sabor más fuerte y amargo.
Continuará...
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