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Serranía de Ronda
Turismo rural con encanto en Benadalid

La Serranía de Ronda se está convirtiendo, en los últimos años, en el destino preferido de aquellos que buscan en el turismo rural la vía de escape perfecta a la larga semana en la ciudad y a las vacaciones de sol y playa.

En la propia Ronda, o en los municipios circundantes de Benadalid, Benalauría, Atajate, Algatocín, Alpandeire, Benarrabá, Igualeja, Genalguacil o Jubrique empiezan a proliferar las casas para alquilar, con precios que oscilan entre los 36 euros por noche (en casas para dos personas) y los 120 euros (para grupos de hasta ocho).

Ejemplo de ello es Benadalid. Situado a 688 metros de altitud, está rodeado de bosque, de monte, en el que abundan los alcornoques y los castaños, y se encuentra a 140 kilómetros de Málaga y a tan sólo 23 de Ronda. En este blanco pueblecito de la Serranía de Ronda, coronado por un castillo del siglo XIII y como sacado de un cuento, hay ya más de media docena de casas rurales que los alterados habitantes de la ciudad hacen cola para alquilar los fines de semana. Las casas están totalmente restauradas, decoradas al estilo rústico y con techos de madera, y son el revulsivo ideal para aquellos que huyen del turismo de sol y playa y buscan la tranquilidad del campo.

El alquiler de las casas, a las que en temporada alta pueden acudir un centenar de personas (cuando los habitantes del pueblo suman sólo 200), empieza a convertirse en la única alternativa de supervivencia que les queda a estos pequeños municipios, que ven como la mayoría de sus habitantes jóvenes se marchan a trabajar a la Costa del Sol, sobre todo a Marbella.

Casas acogedoras, con chimenea para el invierno y amplios balcones para el verano, son el punto fuerte de un turismo de calidad basado en el contacto con la naturaleza (se pueden hacer rutas de pueblo en pueblo a través del bosque) y la tranquilidad de la vida en la montaña.

Benadalid tiene encanto y gancho, cuentan los viejos de la plaza que el que acude, repite, porque la tranquilidad de la villa es "como la de un monasterio". Saben que la única forma de que el pueblo subsista es a través del turismo rural, por ello favorecen con su amabilidad que el que allí llega encuentre el calor humano que no dan los altos bloques de pisos de las ciudades.

Una visita al restaurante museo El Alambique

Justo en pleno centro de Benadalid, y siguiendo un sinfín de flechas talladas en la madera a través de calles blancas con gentes sentadas a las puertas de las casas, está el restaurante museo El Alambique (Telf. : 952 15 27 72 / 15 28 17). Inaugurado hace cinco años, gracias a la demanda creada por los usuarios de las casas rurales que han impedido que la pequeña villa desaparezca, el restaurante es, sin duda, un lugar por el que merece la pena el viaje desde la capital malagueña.

Con una carta basada en platos típicos de la zona de la Serranía de Ronda, el plato fuerte son los productos de la matanza del cerdo. No se puede comenzar una ruta a través de los senderos de la serranía sin haberse nutrido antes en esta antigua destilería, de ahí su nombre, con el tradicional Gazpacho caliente, elaborado a base de refrito, huevo y espárragos, o sus platos fuertes: Solomillo con salsa serrana a la brasa y Lomo benalizo. Eso sí, hay que dejar hueco para el postre, unas exquisitas Castañas al brandy con nata cogidas directamente de los árboles que rodean el pueblo.

Mientras come, el visitante puede abrir más la boca al contemplar los múltiples objetos costumbristas que pueblan las paredes. De estilo rústico, El Alambique es también museo etnográfico, en el que se pueden observar objetos antes habituales en las casas de los pueblos: aperos de labranza hechos a mano, cuernos de jornaleros en los que transportaban aceite, vinagre y sal (con la que aderezaban la típica Sopa de vinagre que tomaban en la siega), una hornilla "ecológica" con fogones que se calentaba con madera y hasta una de las primeras ollas exprés que llegaron a Málaga.

Como le gusta afirmar a la dueña del restaurante, María Ángeles Villanueva, "este es un turismo distinto al de la Costa del Sol, y el que acude aquí tiene que ser tratado de modo distinto. Allí el visitante pasa desapercibido para el empresario, pero aquí tratamos de darles el calor que merecen, para que vuelvan". Y vaya si lo consiguen.


Sonsoles García

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