|

| Viaja y come |
 |

Rutas castizas por el viejo Madrid
La carrera de San Jeronimo
Quien quiera hallar la mayor densidad de tópicos españoles por metro cuadrado debe visitar la Puerta del Sol. Aquí, en un radio de cien metros, es posible encontrar desde una mantilla con peineta hasta el Reloj que da las campanadas de Nochevieja.
También verá la estatua del Oso y el Madroño, mucho más pequeña de lo que parece en las fotografías, rodeada de palomas y japoneses armados de cámaras digitales o la lotería Sol, la más famosa de España después de la de Doña Manolita.
Con tiempo, verá entrar o salir a diferentes personalidades de la sede de la Comunidad de Madrid, que ocupa el edificio principal de la plaza, o podrá seguir distraídamente a un grupo de mujeres que suben hacia la mercería de Pontejos, donde puede encontrar todo tipo de cuentas, abalorios, botones y cintas para trajes.
También descubrirá el Km. 0, señalado en un baldosín de la acera, fotografiado entre risas por un grupo de adolescentes seguidoras de David Bisbal y David Bustamante que entonan a gritos "A tu lado me siento seguro".
Para un tentempié, podrá elegir entre un Cofee Shop Jamaica, cuyo aroma a café sale en vaharadas a la calle, o un restaurante Jabugo Sol que promete especialidades andaluzas (para guiris, claro). También puede tomar un batido en la cafetería Haití, o un helado en La Menorquina, que se anuncia como "expertos en sabores" en el número 1 de la plaza.
Una serie de calles, la Carrera de San Jerónimo, la del Carmen, Preciados, Arenal o Carretas, se abren desde aquí como los brazos de una estrella para ir a desembocar en Opera, Callao o la Plaza Mayor.
Subiendo por la Carrera de San Jerónimo hasta la plaza de Canalejas, de la que nos separan solo dos o tres manzanas, encontramos algunos de los locales con más vidilla de la plaza.
En el arranque de la Carrera, el Bar O´Miño, que, como su propio nombre indica, ofrece algunas especialidades gallegas, como los bocadillos de lacón con queso y de chorizo gallego. En la barra, unos hombres rellenan un impreso de la primitiva mientras una mujer bautiza su café con un poco de anís.
A pocos metros, la Cervecería La Taurina. Al local no le falta detalle, cabezas de toro, azulejos, cuadros taurinos y hasta un traje de luces y un capote. A esta hora, doce y veinte del mediodía, la cervecería se encuentra tomada por un grupo de turistas americanos. Todos tienen cara de ser seguidores de Hemingway. Quien más quien menos seguro que se habrá leído "Muerte en la tarde" o "Fiesta". De ahí debe venirles su interés por algunos términos taurinos que el camarero trata de explicarles. No sé lo que pensaría el Cossío de que aquí se llame Estocada a un bocadillo de lacón y queso fundido, una Revolera al de chorizo y queso al gratén, Toril al de atún y pimiento morón, Muletazo al bocadillo de queso curado y anchoas, Querencia al de jamón serrano y tomate y Volapié, al de lomo a la plancha con pimiento, pero a los compatriotas de Bush el tema parece divertirles. Tanto que piden un bocadillo de cada.
Dejamos La Taurina y, tan sólo unos metros más adelante, cruzando la acera, el Museo del Jamón, no hace falta decir en qué consiste la especialidad de la casa. Y más allá Lhardy, una de las joyas gastronómicas de nuestro recorrido. Inaugurada en 1839 como pastelería, poco después se convirtió en restaurante. Su aspecto exterior e interior casi no ha cambiado desde entonces. Si a media mañana le apetece renovar fuerzas, no deje de entrar y pedir un Caldo, unas Croquetas, unos Hojaldritos o las célebres Barquitas de ensaladilla o riñones como aperitivo. Si lo que tiene es ganas de algo más contundente, en el restaurante puede pedir un Cocido madrileño, que es una de las especialidades de la casa.
Saliendo de Lhardy, a mano derecha, enfilamos hacia la Plaza de Canalejas donde encontramos otra joyita gastronómica de la zona, La Violeta. La tienda se abrió en 1915 y siempre ha pertenecido a la misma familia, los Gil. Sale en todas las guías como establecimiento de interés turístico, algo que también debe opinar la Cámara de Comercio e Industria que le otorgó un diploma como Establecimiento Tradicional Madrileño. Aquí, en esta diminuta tienda de la plaza podrá encontrar los tradicionales caramelos de violeta y las delicadas violetas escarchadas elaboradas con pétalos de esa delicada flor escarchados en azúcar.
No muy lejos de la Puerta del Sol, siguiendo alguno de sus brazos de estrella, puede encontrar otros restaurantes donde lo mejor es reservar una mesa para asegurarse una buena comida después de su paseo turístico. En la calle Arenal, 19, encontrará La Panera, y un poco más allá, en la Plaza de Oriente, el Café de Oriente . Si sus pasos le llevan hasta Opera, no estará muy lejos de otro restaurante que le sorprenderá por sus propuestas rompedoras, Polenta, en la Plaza de la Marina Española. Y para la cena, el Café del Barrio, en San Pedro 22, o el Café Ricordi, en Arrieta 5.
Isadora
|
|
Untitled Document
|