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De ruta gastronómica por Tarragona
Calçotada en Valls

Recorre el Alt Camp tarraconense siguiendo la ruta de la calçotada, uno de los platos estrella de esta bella y fría, por lo menos estos meses, región catalana. De Poblet a Valls, pasando por la cumbre del Coll de l´illa y el pueblecito de Masmolets.

El Alt Camp me recibió disfrazado de pesebre nevado. Los viñedos tenían, flotando sobre la nieve, un aspecto de rama muerta bastante descorazonador.

Mientras la radio seguía advirtiendo de la llegada de un nuevo frente frío, los campos se congelaban, la nieve se amontonaba en los arcenes y los monjes de Poblet andaban atribulados por el estallido de las coaguladas cañerías de agua. El Monasterio tenía más aspecto de fortaleza medieval sitiada por las inclemencias invernales que de morada cisterciense. El aconfesional crujido de la nieve bajo mis pies, reemplazó el sonido de cánticos a maitines y misas del gallo.

El humo que escapaba de las masías aisladas en mitad de un campo blanco, no provocaba en mí más que ansiedad. Los ojos recorrían la serenidad del paisaje, los oídos disfrutaban del silencio y el romántico que todos llevamos dentro imaginaba una casa de muros de piedra, una chimenea crepitando y, porqué no, una abuela haciendo calceta. Pero a mi estómago, todo rasgo de poesía en el bucólico ambiente le dejaba más frío que los carámbanos que colgaban de las ramas de los árboles. Y es que hay veces que uno tiene que soltar los instintos ancestrales, dar rienda suelta al ser atávico que alguna vez fue y celebrar un ritual que le congracie con el invierno.

Valls, con las caminos congelados y las cañerías goteando cubitos de hielo, es el lugar idóneo para celebrar el invierno. Con el frío aparecen puntualmente los calçots, esas cebollas blancas, tiernas y dulces que, una vez asadas con fuego de sarmientos y carbonizadas en su exterior, hay que despellejar con las manos tiznadas de hollín y engullir después de ahogarlas en salsa salvitxada, una pariente cercana de la salsa romesco.

El ritual de la calçotada no es algo para tomar a broma, tiene un "nosequé" de litúrgico. A los calçots les siguen la carne de cordero y las butifarras a la brasa, las alcachofas y los tomates asados, las judías, la escarola como ensalada y el postre de naranja o la crema catalana. Un ritual que pide una sobremesa pausada, de las de copa frente al fuego y, si nos dejan, partida de cartas.

Si lo que apetece es una forma diferente de saborear ese pequeño tesoro de la huerta, en Valls, la capital de la comarca, Agustí García y Joan Jofre, atrincherados en la cocina de El Corbatí, nos sorprenden con platos imaginativos en un restaurante de ambiente desenfadado.

Joan y Agustí han publicado dos interesantes libros de cocina en los que recogen sus creaciones con los productos más genuinos del Alt Camp: los calçots y las avellanas. De estas obras sacan estos cocineros platos tan suculentos como la Ensalada de habitas y calçots con virutas de jabugo o el Lomo de bacalao con calçots, jamón y llanegas.

En Cal Ganxo, una magnífica Casa Pairal del siglo XVIII, en el cercano pueblo de Masmolets, Josep Mª Plana nos sugiere, en un entorno rural de vigas de madera y decoración rústica, buenas Calçotadas, Sopa de la abuela con albóndigas o Cordero al horno.

Casi en la cumbre del Coll de l´Illa, con un impresionante mirador sobre el Camp de Tarragona, Ramón Vives, propietario del restaurante Les Espelmes nos seduce con su Gratinado de berenjenas y langostinos, sus Caracoles a la llauna o su Foie preparado en casa, además de sus Calçotadas cuando es temporada.

En el restaurante Masía Fontscaldes, Jaume Villasevil y su esposa Anna M. Vall, almas y amos de los fogones, nos ofrecen la posibilidad de disfrutar de una calçotada en el entorno exacto que manda la tradición: una masía frente a la sierra de Miramar y con vistas al campanario de Valls.

La bodega de esta casa rural esconde una excelente carta de vinos, con predominio de bodegas de la región cuidadosamente seleccionadas, además de un cava brut de cosecha propia. El Conejo guisado, el Bacalao con tomate confitado y salsa de pimientos y un inolvidable Estofado de sepia son otras sugerencias que encontramos en el menú.

Después de la calçotada me había reconciliado con el invierno siberiano, tan poco usual en estas tierras, pero ni el claustro gótico del Monasterio de Poblet, ni una exhibición de castellers, en lo que en la comarca son auténticos maestros, fueron capaces de moverme de mi posición frente al fuego de la chimenea... Lástima de partida de cartas.


Joan Biosca

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