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| Con nombre propio |
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El supermercado llega al arte
Andy Warhol
De los bodegones de Cézanne nos seduce la sensualidad de sus frutos. Pero Cézanne no es Warhol, para quien la despensa soñada es aquella capaz de contener tantas latas de sopa, paquetes de cereales para el desayuno y botellas de Coca-Cola como los estantes de un supermercado.
La primera imagen de las sopas Campbell con carácter individual es de 1961. Las series empiezan al año siguiente con 32 cuadros idénticos, de los 32 sabores entonces en el mercado, y son expuestos en la galería Ferus de Los Angeles. La primera visión produce un fuerte shock entre el público pero se vende toda la serie.
A partir de entonces, las imágenes de las célebres latas empiezan a multiplicarse y aparecen infinitas variaciones sobre el mismo tema: latas abiertas, cerradas, aplastadas, con la etiqueta rota, en solitario, en formación marcial..., siempre en un estilo distante, frío y sin intención narrativa alguna, pero con una sutil carga de alienación. No representan nada distinto de sí mismas, en palabras de Warhol, "Cuanto menos tiene que decir una cosa más perfecta es" y sin embargo, ¡cuánto representan!
Este icono, repetido hasta la saciedad, no sólo nos habla de una sociedad donde nadie presume de saber comer porque, entre otras cosas, nadie lo hace de saber cocinar, comprar o incluso elegir los alimentos. Nos habla, además, del apremiante ritmo de la vida moderna, donde el componente placentero de la comida ha desaparecido para dejar paso a la idea de que es algo que ha de realizarse rápida, cómodamente. En otras palabras, donde puede hablarse de una gastronomía de subsistencia que se limita a cumplir el trámite de llenar el estómago como si se tratara del depósito de gasolina del coche.
Cocina de platos preparados, precocinados, listos para tomar, en la que los hornos microondas han sustituido a la cocina convencional de horno y quemadores. Nada queda del ritual de elaborar un plato y sentarse a disfrutarlo con conciencia de estar realizando uno de los actos más placenteros del día, pues se ha impuesto el "abrir, calentar y consumir" como una metáfora de la vida diaria, en la que el camino más corto es siempre el mejor.
Esta situación es recogida por los medios de comunicación, así como por los artistas capaces de transformar una realidad tan tremenda en una obra de arte.
Si a Cézanne le bastaba pasear por los alrededores de Aix en Provence arrancando directamente del árbol las naranjas y manzanas de sus bodegones y, un simple vistazo a su estudio en desorden después de cada jornada, inspiraba a Braque sus recurrentes composiciones con botella, periódico y frutas, en pleno siglo XX, cualquiera puede cruzar la calle y entrar en un supermercado para descubrir un lote de inspiradores objetos.
Para Warhol, y para otros muchos artistas, la nueva imaginería del siglo XX se desprende de la sociedad de consumo y de objetos tan banales como una lata de conservas.
Isadora
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