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| Cocina regional |
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Bones festes
La mesa valenciana
Junto al turrón, originario de la ciudad alicantina de Jijona, en la Comunidad Valenciana hay varios platos que no pueden faltar en la tradicional comida del 25 de diciembre. Son el Puchero, la "Pilota de Nadal" y los Pasteles de "moniato".
Tal vez por la necesidad de calentar el estómago en las frías jornadas de invierno, los valencianos son fieles al puchero como el plato fuerte del Día de Navidad. Para elaborarlo no se necesitan materias primas caras ni difíciles de encontrar. El cerdo, el cordero y la gallina son la base del caldo, acompañadas de zanahoria, nabos, "xirivia" (una hortaliza propia de las tierras valencianas), patatas y la legumbre estrella de este plato: los garbanzos, que hay que dejar en reposo la noche anterior a la comida.
El plato se elabora con una olla sin tapar, en la que deben ponerse en primer lugar los distintos tipos de carne y los garbanzos. Tras dos horas a fuego medio es el momento de añadir las verduras, para continuar la cocción durante media hora más. El último paso es añadir las patatas y esperar a que todos los ingredientes alcancen su punto óptimo.
Tras acabar con el primer plato de sopa caliente, los comensales esperan siempre la tradicional Pilota. Esta acertada mezcla de carne de cordero y cerdo forma parte obligatoria del puchero, al que no sólo añade su sustancia, sino que se convierte en un acontecimiento culinario independiente y apreciado por sí mismo.
Las sabrosas Pelotas se forman con pan mojado en agua, huevos, piñones y ralladura de limón. Para que salgan finas y esponjosas, la mezcla debe tener sólo la dureza justa, con un último secreto: hay que envolver las pilotas antes de meterlas en la olla con una hoja de col.
Algo más que turrón
La Comunidad Valenciana tiene el orgullo de poseer la denominación de origen de los turrones más clásicos, el duro o de Alicante y el blando o de Jijona. Sin embargo, no es el único postre autóctono que sale a la mesa en las horas más dulces de la Navidad.
El "Pastís de moniato" aprovecha al máximo las cualidades de este delicioso tubérculo, que en el resto de España recibe el nombre de boniato. La masa de los pastelitos se forma con un poco de aguardiente, que hay que calentar sin dejar hervir con aceite y azúcar. Una vez fuera del fuego, se añade harina y se realiza una fina pasta. En cuanto a los boniatos, una vez pelados y hervidos con poco agua, se trituran y se pasan a una cazuela, en la que se añade su mismo peso en azúcar, ralladura de limón y canela. Unir la masa y el relleno da como resultado unas pequeñas empanadas, que, tras pasar por el horno, se convierten en una dorada tentación.
¡Bon profit!
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