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Atapuerca
La alimentación de nuestros antepasados

Aunque la Sierra de Atapuerca es conocida, fundamentalmente, por la importancia de sus restos arqueológicos prehistóricos, gracias a ella también hemos podido conocer los hábitos alimenticios que tenían los primeros habitantes europeos.

A lo largo de los tiempos, diversos grupos humanos han vivido y dejado su huella en esta pequeña colina al este de Burgos. En Atapuerca se acumulan testimonios de la presencia y modo de vida de la humanidad desde hace un millón de años. Ardua labor les ha correspondido a los expertos que llevan veinte años reconstruyendo nuestro pasado más remoto (los paisajes, la flora, la fauna, etc.) con asombrosa exactitud y especificando el modo de vida del ser humano para cada momento de la historia. Un trabajo imprescindible para entender los hábitos gastronómicos de los primeros pobladores.

A nuestros antepasados prehistóricos el paraje les proporcionaba lo que necesitaban: refugio, comida, agua y espacio para acampar y disfrutar de la Naturaleza. Como es obvio, la mayor parte del tiempo lo dedicaban a la búsqueda del alimento. Generalmente se alimentaban de vegetales y frutos, e incluían en su dieta la carne cruda, puesto que aún no conocían el fuego. Los alimentos de origen vegetal consistían en semillas, frutos secos y carnosos, bayas, raíces y tubérculos, legumbres y partes vegetativas. De ellos obtenían las proteínas y grasas vegetales, hidratos de carbono y calcio que necesitaban.

Aunque en su dieta predominaran los alimentos vegetales, también comían carne. Los hombres de hace 800.000 años cazaban por la Sierra de Atapuerca, a veces se llevaban miembros enteros de sus presas a la cueva para comerlos en paz y otras, aprovechaban los cadáveres de los animales que se encontraban muertos. Su preferida era la carne de los potros y los ciervos jóvenes, que degustaban con frecuencia. No sería hasta más adelante -hace unos 200.000 años- cuando el "ciervo de Atapuerca a la brasa", se convertiría en uno de sus banquetes favoritos. Tan sabroso plato es el vestigio más antiguo del uso de fuego en la Península Ibérica que se ha encontrado hasta el momento.

Las herramientas y útiles de cocina de la época eran muy primitivos. Nuestros antepasados usaban sobre todo lascas -fragmentos pequeños y delgados que se desprenden al golpear piedras-, y cuando necesitaban un instrumento más afilado utilizaban un canto rodado tallado por un solo lado, sin mayores complicaciones.

Es difícil establecer, tanto tiempo después, el uso detallado que hicieron los humanos de las cuevas. Sabemos que las cavernas eran lugares fríos y que, hasta el descubrimiento del fuego, sólo se usaban para determinadas actividades, como descarnar a los animales, comer su carne o guarecerse del mal tiempo. Lo más probable es que con el paso de las estaciones estos grupos de humanos cambiaran de lugar, buscando en cada momento los bosques donde las frutas estaban en sazón, los ríos donde había pesca y las tierras a las que migraban los herbívoros. Las cosas cambiaron cuando el clima les permitió asentar sus campamentos.

El estudio de las piezas dentales de los restos encontrados en Atapuerca ha supuesto conocer, de primera mano, muchos de sus hábitos alimenticios. Así, por ejemplo, sabemos que su dieta era bastante abrasiva para la dentadura, ya que la mayor parte de las piezas halladas presentan un fuerte desgaste. Tras las comidas usaban... ¡palillos para limpiarse los dientes!, lo cual les causaba todavía mayores estragos dentales. No obstante, ninguno presenta una sola caries. Pero eso no es todo, las marcas detectadas en el esmalte dental nos han permitido saber que pasaban épocas de escasez o de mala alimentación.

Canibalismo gastronómico

Hace cientos de miles de años, el yacimiento bautizado con el nombre de Trinchera Dolina sirvió de comedor para un macabro banquete cuyo plato principal eran otros seres humanos. Los investigadores han concluido que no existe duda alguna, el estudio de los cortes realizados en los huesos demuestra que aquellos individuos fueron descuartizados, despellejados y troceados usando las mismas técnicas que se aplicaban a los animales.

Este descubrimiento constituye la prueba más antigua de canibalismo conocida hasta el momento. Los científicos creen que se trataba de un canibalismo de tipo alimenticio o gastronómico y descartan que tuviera ninguna intención ritual. Quizá nunca sabremos por qué lo hacían. Seguramente para estos seres primitivos no existía, aún, diferencia entre un cadáver de un animal y otro humano.

Medio millón de años después la diferencia estaba clara. Nuestros antepasados había dejado de comerse los unos a los otros y acarreaban los cuerpos de sus muertos hasta una cavidad donde los depositaban, quizá para protegerles de otros carnívoros o, simplemente, para quitárselos de en medio. Lo que sí está claro es que estos cuerpos eran tratados de forma diferente.

Pese a toda la información de la que hoy disponemos, todavía quedan años de investigación en Atapuerca. Como siempre, será el tiempo el que nos revele más detalles sobre la alimentación y costumbres dietéticas de los primeros humanos que poblaron nuestro continente.

Más información:
www.ucm.es/info/paleo/ata/


Alicia Torrescassana y Eva Florences

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