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| Come sano |
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Los males del verano
Más vale prevenir que intoxicarse
La comida en estas fechas puede suponer un verdadero placer, pero también tener consecuencias peligrosas debido al riesgo de intoxicación. ésta afecta, cada año, a unas 15.000 personas en nuestro país y unas 200.000 en toda Europa.
El calor y las altas temperaturas de julio, agosto y septiembre son un caldo de cultivo para los gérmenes y bacterias, ya que favorecen su desarrollo. Las últimas cifras publicadas advierten que las consultas por este tipo de trastornos se cuadriplican durante la época estival y que la mayoría de los turistas que viajan a países exóticos durante sus vacaciones desconocen las medidas preventivas que deben adoptar sobre seguridad alimentaria.
Las múltiples enfermedades que se pueden transmitir por medio de los alimentos constituyen uno de los principales problemas de salud pública en la mayoría de los países. La Organización Mundial de la Salud (OMS), define estas enfermedades como "aquellas que, a la luz de los conocimientos actuales, pueden ser atribuidas a un alimento específico, a una sustancia que se le ha incorporado, a su contaminación a través de recipientes o bien en el proceso de preparación y distribución".
La mejor forma de protegerse ante estas repentinas incomodidades es seleccionar con cuidado alimentos y bebidas. Un buen color o un aspecto apetitoso no garantizan que un alimento se encuentre en buenas condiciones.
Entre los alimentos susceptibles de estar contaminados se encuentran la leche no pasteurizada, las bebidas no embotelladas y todos los alimentos crudos, excepto las frutas y verduras. Aunque éstas también pueden causar enfermedades si han estado en contacto con los agentes patógenos. Asimismo pueden ser peligrosas las comidas que contengan huevos crudos o poco cocinados, como la mayonesa casera, algunas salsas, postres y cremas de pastelería. Hay que evitar las ensaladas, los helados y cualquier plato que esté a la intemperie, por muy apetecible que parezca.
En general, las enfermedades que se pueden producir por este tipo de microorganismos coinciden en que tienen un corto período de incubación y en que provocan un síndrome gastrointestinal por todos conocido.
La gastroenteritis es una enfermedad inflamatoria de la mucosa del estómago y el intestino habitualmente causada por virus, bacterias, alimentos contaminados o medicamentos. Estos microorganismos producen toxinas y provocan una infección que altera el mecanismo de absorción y secreción intestinal.
Los síntomas que suelen darse son dolores abdominales, pérdida de apetito, cansancio extremo, dolores musculares, vómitos, náuseas, diarrea y, en ocasiones, fiebre y dolor de cabeza. Pueden aparecer todos lo síntomas o tan sólo algunos de ellos. Su duración suele ser, a menudo, entre seis horas y tres días.
En cuanto al tratamiento, durante los dos primeros días es preciso no ingerir ningún alimento para no irritar más la cavidad estomacal y hacer que desaparezcan los síntomas. Durante este tiempo es conveniente beber muchos líquidos y tomar suero oral. Un suero casero o natural -que te puedes preparar tu mismo- consiste en mezclar un litro de agua, una cucharadita de sal, el zumo de dos limones y dos cucharadas de azúcar. Con una buena hidratación y dando reposo al intestino el cuadro de gastroenteritis suele remitir. Al tercer día ya se pueden empezar a realizar una dieta blanda. Si los síntomas persistieran es conveniente avisar al médico.
Decálogo para prevenir las intoxicaciones veraniegas:
- No dejar alimentos fuera del frigorífico ni los alimentos cocinados más de dos horas fuera de la nevera.
- Hay que lavarse correctamente las manos antes de comer o manipular los alimentos.
- No comer carne o pescado poco cocinados.
- No utilizar huevos rotos, con plumas pegadas a la cáscara o restos de pienso. Sobre todo, limpiarlos bien antes de romper la cáscara.
- Tener cuidado con los alimentos que contengan partículas de metales pesados.
- Emplear tablas diferentes para trocear verduras y carnes.
- Cuidado con las latas de conservas. Desechar las latas hinchadas, golpeadas, oxidadas o pegajosas.
- Lavar con frecuencia los trapos de cocina, por lo menos cada dos días.
- No ingerir comidas potencialmente peligrosas cuando se come fuera de casa.
- Utilizar agua que esté embotellada si se duda de su calidad. Gran parte de las gastroenteritis estivales se deben a la ingestión de agua no tratada o de bebidas contaminadas.
- Tener cuidado con algunos medicamentos.
- No abusar de los laxantes.
Eva Florences
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07/10/2008




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