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El estudio de la obesidad
CARMEN
En los últimos 50 años, la obesidad ha aumentado a un ritmo tan vertiginoso que ya se ha convertido en un auténtico problema de salud pública. Estudios como éste inciden en la importancia del azúcar y los hidratos de carbono en el control del peso.
Como es bien sabido, la obesidad es una enfermedad de origen multifactorial que resulta de la interacción de factores genéticos con factores ambientales. Sin embargo, que se sepa, el genoma humano no se ha modificado, por lo menos, en los últimos dos mil años. Los que sí han variado, y mucho, son los factores ambientales como resultado de la "civilización", modificándose no sólo la necesidad de actividad física diaria sino también el patrón de ingesta de macronutrientes.
En los últimos diez años, diversos trabajos de investigación han puesto de relieve que el aumento de la relación grasa/carbohidratos juega un papel clave en los mecanismos de regulación del peso en la especie humana.
Ante tal problemática, durante los últimos cuatro años el equipo del doctor Xavier Formiguera, jefe de la Unidad de Trastornos de la Alimentación del Hospital Universitario Germans Trías i Pujol de Badalona, en Barcelona, ha participado en el estudio bautizado con el españolísimo nombre de CARMEN (Carbohydrate Ratio Management in European National Diets). Este trabajo trata de estudiar la influencia de una dieta baja en grasa y alta en carbohidratos (simples o complejos), a largo plazo y en condiciones de vida normal, sobre la evolución del peso y la ingesta de energía en una amplia muestra de voluntarios obesos de cinco ciudades europeas (Maastricht, Copenhague, Cambridge, Potsdam y Barcelona).
Según Formiguera, el análisis de los resultados del estudio CARMEN demuestra que la ingesta energética se reduce de forma significativa cuando se sigue una dieta baja en grasa y alta en hidratos de carbono complejos. Asimismo, los voluntarios que siguieron una dieta baja en grasa y rica en hidratos de carbono, tanto simples como complejos, disminuyeron un 10,2 y un 7,9% respectivamente la energía procedente de la grasa.
Otra de las conclusiones que expuso el doctor durante estas jornadas hace referencia a que el peso y la masa grasa bajaron de forma significativa en los que siguieron la dieta pobre en grasas.
Los resultados demuestran claramente que, sin modificar la ingesta energética total diaria, la reducción de un 10% del contenido de grasa de la dieta -aumentando de forma paralela los hidratos de carbono simples o complejos- se acompaña de una disminución progresiva del peso corporal, debido a una reducción de la cantidad de grasa del cuerpo.
En el estudio no se observó ningún efecto adverso sobre los lípidos, cosa que refuerza el impacto positivo de este cambio dietético sobre las implicaciones que para la salud pública tiene la obesidad. De la misma manera, estos efectos beneficiosos sobre el peso se observaron independientemente del tipo de hidratos de carbono ingeridos, ya fueran simples o complejos.
La conclusión más razonable de estas evidencias es que para controlar la obesidad hay que reducir el aporte de grasa por debajo del 30% y aumentar el aporte de hidratos de carbono hasta un 55-60%. En consecuencia, CARMEN desmonta los falsos tópicos sociales sobre el efecto en el peso corporal del consumo de azúcar, pan y pastas.
Fuente:
V Jornadas de Nutrición Práctica: Dietecom 2001.
E.Florences y E.Barquero
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07/10/2008




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