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Ribera del Duero
Río de parabienes

En la ribera del río Duero, la historia se ha escrito y reescrito constantemente en torno a una copa de vino. Este río es el eje que recorre una franja vitivinícola de unos 115 kilómetros de longitud y 35 de ancho que constituye la Denominación de Origen Ribera del Duero.

Aunque el viñedo llegó aquí de mano de los romanos, no es hasta la Edad Media cuando se puede hablar realmente de un cultivo ordenado. Los escarceos de los musulmanes, siempre constantes, y las guerras de la Reconquista, mantenían en una incertidumbre permanente a la ribera burgalesa; a la de Peñafiel y a la de Soria.

El campo vivía a merced de la situación bélica del momento; y el viñedo vivía a salto de mata por estas tierras, desarrollándose, con más o menos fortuna, dependiendo de la zona. Los orígenes más documentados del viñedo hay que buscarlos alrededor del siglo XI, en el transcurso de la Reconquista que ganaba lindes cada vez más al sur. Es cuando las fronteras se van definiendo.

Las orillas del Duero empiezan a poblarse y, con ello, se comienza a dibujar un horizonte de castillos y casonas que traen nueva vida a la región. Paralelamente, se desertizan las orillas del río ante el peligro de la invasión de los pueblos árabes del sur y los cristianos del norte; se reconstruye el valle del Duero dejando atrás la época de tierra quemada de la Alta Edad Media y los terrenos están abiertos a cualquier cultivo para los colonos.

El siglo XIII se presenta plagado de bodegas que inician su andadura. La mayor parte de ellas eran largos subterráneos que serpenteaban por debajo de los campos albergando tinajas donde guardar el vino. Poco a poco, la arquitectura popular llenó de cuevas subterráneas los suelos de muchos pueblos como Aranda, Peñafiel, Gumiel o Roa, a medida que iban creciendo las cosechas y necesitaban espacio con buena temperatura para almacenar sus vinos.

Esa maraña de túneles horadados en la tierra ha quedado como testigo de un tiempo de grandes cosechas, antes de la filoxera y que, hoy, olvidado ya el antiguo uso, se utiliza como merenderos privados para familiares y amigos. Sólo los montículos de los respiraderos o zarceras* de las bodegas subterráneas rompen la silueta de horizontalidad de las laderas, animando con su olor a chuletillas al sarmiento en los días de fiesta.

Durante todo este tiempo, la producción sigue un ritmo imparable y en pleno siglo XVI, uno de los centros vinícolas más importantes de esta península es la región que corresponde a Aranda de Duero. El municipio, por aquel entonces, contaba con 1.400 familias que vivían, casi exclusivamente, del cultivo de la vid. Cultivo que casi por poco no se convierte en monocultivo... hasta el punto de que los cereales vieron peligrar de tal forma su existencia que apenas podían hacer frente a una mísera décima parte de las necesidades de la población. En 1782, se prohibe plantar viñedo en terrenos donde se podía cultivar el cereal, con el fin de asegurar el abastecimiento de la población.

Corren los años y los siglos, pero el verdadero vuelco a la tortilla no empieza a cocerse hasta finales de los años setenta y principios de los ochenta de lo que hoy, ya, es el siglo pasado. En 1982, se pone en pie la Denominación de Origen Ribera del Duero y es el principio de un ordenamiento donde dos bodegas, muy alejadas entre sí, convivían desde hace años siendo el embrión de una región que empezaba a llamar la atención. Se trataba de la Cooperativa de Peñafiel, Protos, y la Bodega Vega Sicilia.

La primera tiene su origen en los años veinte y abastecía a la comarca del característico clarete que era lo único que se consumía con cierta regularidad en ese mercado y, la segunda; se había instalado en Valbuena de Duero en 1864 cuando su fundador Eloy Lecanda trae bajo el brazo plantas francesas de cabernet suavignon, merlot y malbec, para elaborar unos vinos llamados "únicos" en la bodega que recibe el nombre de Vega Sicilia. Eran las dos caras de una misma historia que empezó a escribirse a los albores del siglo.

*zarcera: En Castilla y León y Rioja se llama así al respiradero abierto en las bodegas para su ventilación.

Fotos: D.O. Ribera del Duero.

Continuará...


María Pilar Molestina

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