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Los hombres que cambiaron el vino español
Grandes nombres para grandes bodegas

Ahora que, por fin, el siglo y el milenio se han ido, parece un buen momento para una reflexión tranquila. ¿A quién debemos el vino que ahora bebemos? Hay demasiados nombres para que no se nos olvide alguno, pero queremos dedicarles un recuerdo a los que más han hecho para cambiar la historia del vino en nuestro país.

Manuel Quintano y Quintano, Beneficiado de Labastida y Canónigo desde 1782 de la Catedral de Burgos, es el pionero en traer a España la actual forma de elaborar nuestros vinos. En 1787, se desplaza a la ciudad francesa de Burdeos para ver cómo elaboran en bodegas como Lafite, Margaux, Haut Brion o Latour y lo que vio le deslumbró.

Junto con sus hermanos y cuñadas, fue el primero que aplicó los métodos bordeleses en La Rioja, pero, por desgracia, no tuvo muchos seguidores, pues el sistema requería procedimientos mucho más complicados, inversiones más elevadas y más mano de obra. A su muerte sus ideas se fueron con él.

Tuvieron que pasar varios años para que algunos siguiesen su ejemplo. Y tres son los hombres que favorecieron el cambio. Emigrados por razones políticas a Inglaterra y Francia, Luciano Murrieta, Marqués de Murrieta, Espartero y Camilo Hurtado de Amézaga, Marqués de Riscal, ven en la forma de hacer el vino de Burdeos la solución a los problemas de calidad de Rioja y empiezan a montar sus bodegas.

La Diputación Foral de álava, aconsejada por el Marqués de Riscal, contrata en 1862 a Jean Pineau, bodeguero de Burdeos. Los métodos que él conocía, porque llevaban años aplicándose en Burdeos, perduran hasta ahora: separación del grano del raspón, barricas de 225 litros en madera de roble, rellenado de barricas para evitar la oxidación, trasiegos, clarificación con clara de huevo, etc. Su labor supuso una auténtica revolución, pero, desgraciadamente, en 1867 la Diputación de álava no le renueva el contrato.

Antes de que Jean Pineau abandone España, el Marqués de Riscal le contrata para su bodega de Elciego, construida según las pautas del Medoc. El bodeguero francés manda traer de su país todo lo que necesita. Se construyen en España las primeras barricas bordelesas y se plantan nuevos viñedos, con variedades tradicionales de Burdeos, como el Cabernet Sauvignon o el Malbec.

Del nacimiento del Consejo Regulador hasta hoy

Las cosas siguen más o menos igual durante años. El Consejo Regulador de Rioja se empieza a poner en marcha en 1926, pero no se constituye hasta 1945. El vino vive momentos de esplendor junto a momentos de crisis, dependiendo de la situación del país.

Sería ilógico no acordarse de Marqués de Cáceres. En el ya muy lejano año 1970 su aparición supuso un cambio importante. Con su etiqueta, repetidamente imitada, y su estilo publicitario nacía el marketing marquista y detrás de él estaba una nueva forma de criar los vinos. Marqués de Cáceres supuso la reivindicación de la añada y la crianza en barrica más ajustada. Todo hecho, además, por una bodega que ni siquiera elaboraba sus vinos, sólo los criaba.

Un camino que empezaron a seguir muchos y que tuvo el gran inconveniente de considerar que la viña ya no era importante y que la clave estaba en el trabajo de las bodegas. Se empezó a hablar de los enólogos como Ezequiel García de Bodegas Olarra, o Gonzalo Martínez de Berberana, hombres capaces de sacar un aceptable rendimiento de la gran cantidad de kilos de uva de calidades muy diversas que les llegaban. El apodo del primero de ellos, "El Brujo", definía un poco la situación. La estandarización del vino de Rioja estaba en plena marcha triunfal.

Años más tarde, un poco como rebeldía contra este sistema, aparecían la Granja Nuestra Señora de Remelluri y Viñedos del Contino. Eran una apuesta por el vino de viñedo y los primeros -sobre todo a partir de la llegada de Telmo Rodríguez a Remelluri- que empezaron a elaborar vinos con más estructura y menos presencia de la madera, basados en unos viñedos con rendimientos mucho más bajos de lo habitual en la zona. Se retomaba el concepto de viñedo.

La aparición de Barón de Chirel 86 supuso un importante paso hacia eso que ahora, de forma tan cursi, se llaman "vinos de alta expresión". Nuevamente se empieza a hablar de viñedo, de viñas viejas y seleccionadas, de rendimientos más bajos, de escoger bien las maderas y del tiempo. Pero todavía hay mucho que profundizar para llevar estas palabras a los hechos y no convertirlas en una mera referencia comercial.

De Ribera del Duero...

En la Ribera del Duero -a unos kilómetros que hoy nos parecen pocos, pero que en aquellos años eran todo un mundo- en 1864 Eloy Lecanda funda la bodega Vega Sicilia. Compra en Burdeos casi 20.000 sarmientos de Cabernet Sauvignon, Malbec y Merlot. Pero la bodega no empezaría a destacar hasta que, a primeros del siglo XX, Txomín Garramiola, enólogo que venía de Rioja huyendo de la filoxera, renueva las técnicas de elaboración, utilizando el sistema bordelés.

Hubo cambios en la propiedad de la bodega, pero hay un nombre que es necesario recordar. Jesús Anadón fue director de Vega Sicilia durante muchos años y a él se debe, en gran parte, la calidad de los vinos. A su vera creció como enólogo Mariano García y él fue quién entregó el relevo a la familia álvarez, actual propietaria.

Pero la labor de Anadón no se quedó en la bodega. Gracias a sus gestiones Vega Sicilia entró en la recién creada Denominación de Origen Ribera del Duero, dándole ese toque de prestigio necesario. Aunque es cierto que el caminar de la bodega, de puro elegante, era demasiado distante para tener una influencia real en la zona.

En 1975 aparece Alejandro Fernández con su Tinto Pesquera y en pocos años revoluciona el vino. Su vino lleno de fuerza y fruta triunfa, primero fuera de nuestro país y poco a poco se convierte en un ejemplo a seguir, inicialmente en su zona y después en toda España, hasta tal punto que es difícil entender el estilo actual de los vinos españoles sin su presencia.

La importante labor comercial de Fernández, en especial fuera de España, abre las puertas a otros vinos y ratifica la apuesta de estilo que gente como Telmo Rodríguez estaba haciendo en La Rioja. Junto a ellos se mueven las bodegas familiares de los Hermanos Pérez Pascuas e Ismael Arroyo. Todavía tiene que pasar el tiempo para que aparezca el danés Peter Sisseck, con Pingus y un estilo diferente de hacer vino y, también, de venderlo.

... al Priorato y, luego, al resto de España

Si ese movimiento era ya importante la llegada de los "cinco magníficos" al Priorato lo convirtió en imparable. René Barbier, José Luis Pérez, Dafne Glorian, Carlos Pastrana y álvaro Palacios, no sólo revolucionaron una zona, hasta entonces condenada a elaborar vinos de granel, sino que se convirtieron en ejemplo a seguir en numerosas zonas casi abandonadas.

Si la familia Castaño en Yecla o Casa Castillo y Agapito Rico en Jumilla o la nueva generación de bodegas de Tarragona son, hoy, nombres importantes se debe a su gran esfuerzo por hacer las cosas bien y al tirón de arrastre que han tenido los vinos del Priorato, con L'Ermita a la cabeza.


Paco Berciano

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