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| Con nombre propio |
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El ave fénix del vino
De Rioja y sus riojas
Afortunadamente, hoy La Rioja es un gigante que tiende a vivir de algo más que de los laureles cosechados por sus antepasados allá en los esplendorosos años ochenta del siglo XX. Descubre en este segundo capítulo más sobre este tesoro.
Durante estos últimos años, parecía que se iba a quedar estancada ante la efervescencia de otras zonas elaboradoras que plantaban cara al panorama vitivinícola pero, cual ave fénix, ha renacido con una vitalidad y un empuje que la ha recolocado en el sitio de liderazgo incuestionable que lleva ocupando casi desde que nació.
Un rasgo que define a las bodegas últimamente es que, por primera vez, parece que escuchan a los consumidores y prestan oídos a las tendencias actuales. En general, Rioja ya no vive de espaldas a lo que se cuece en el mundo vinícola y, muy por el contrario, trata de estar al día. Pero esto que parece una obviedad -permite estar vivo en un mercado moderno de oferta y demanda- no era algo característico de Rioja y tampoco es algo aplicable a todas las bodegas dentro de esta denominación de origen.
En Rioja conviven muchos Riojas, quizás demasiados para lo que debiera ser una D.O. que además, pretende que se la perciba -a toda ella- como "Calificada". La Rioja no es igual geográfica ni morfológicamente hablando y mucho menos desde el punto de vista estructural, de filosofía de elaboración o de trabajo enológico o empresarial.
Sin lugar a dudas, las bodegas que más calidad ofrecen y que hacen de locomotora de la región son las que han sabido aunar este afán de estar en el mundo, manteniendo la filosofía que ha levantado esta región vitivinícola. Lo que parece estar más alejado de la realidad es la parte institucional que corresponde al Consejo Regulador de la D.O.Ca. que juega a juez y parte de sus acciones e intereses, muchas veces puramente burocráticos que poco responden a la realidad e inquietud que se percibe en la zona.
Un poco de historia
Son muchos los cambios que ha experimentado Rioja en los últimos cincuenta años que le han hecho situarse donde están actualmente. Primero se define la zona geográfica reconocida y queda legalmente constituida como Denominación de Origen en 1926. Casi dos décadas más tarde se estructura legalmente y tras ese marco legal, en 1953 se constituye el Consejo Regulador que garantiza el origen de los vinos elaborados y pone en marcha un Reglamento.
A lo largo de los años modifica su Reglamento y se adapta a las necesidades de control para asegurar lo que entienden por calidad. En 1991, se otorga a esta D.O. la categoría de "Calificada". Entre otras cuestiones, esto establece la obligatoriedad de vender sólo vino embotellado, excepto entre bodegas.
En los años sesenta se afianza el movimiento cooperativista que fue un paso importante para la ordenación de la elaboración y, aunque en su día fue muy positivo, hoy queda en el aire su estructura empresarial, de modo que puedan contar con una gestión que les permita ser competitivos en el mercado de los vinos de calidad con un valor añadido que asegure su supervivencia.
Durante algunos años Rioja era casi sinónimo de vinos con mucha madera, el acento estaba puesto en la crianza y todo su orgullo era las enormes naves donde se apilaban barricas antiguas en naves sombrías. También por esa época se fijan los tiempos obligatorios mínimos de permanencia del vino en barricas y botella.
Hoy, las naves de barricas ancianas ya es una imagen arcaica que afortunadamente empieza a pasar a la historia. Al contrario que entonces, las bodegas actuales se enorgullecen de reponer barricas con frecuencia que es cuando la barrica realmente le aporta cualidades al vino; mantienen sus naves perfectamente limpias y asépticas a la vez que consiguen guardar la humedad y temperatura que requiere un buen entorno para elaborar. Han dejado de parecer el delirio de moho que podía haber hecho feliz sólo al Dr. Fleming. No todas las bodegas han llegado a este punto ideal, pero al menos lo están intentando puesto que se ha llegado a la conclusión, casi unánimemente aceptada ante la evidencia, que la limpieza es fundamental para elaborar buen vino.
Este nuevo siglo marca el deseo de la diferencia y el reconocimiento; conseguirlo es algo que sólo puede hacerse a través de la calidad. Es importante una filosofía coherente con una elaboración seria pero, esta vez, toda la atención está puesta en la viticultura. Los grandes vinos se hacen en la viña; lo demás es cosmética vinícola. De hecho, el gran cambio en Rioja fue el momento en que las bodegas empezaron realmente a separar la uva tinta de la blanca para elaborar sus vinos. La blanca para el blanco y la tinta para el tinto, no es ninguna perogrullada aunque hoy pueda parecérnoslo.
Muchas bodegas juraban que lo contrario era una práctica en desuso, pero con sólo darse una vuelta por La Rioja en vendimia se podía ver que la variedad más habitual de la zona no era la tempranillo, sino la mezclá. Aunque marginalmente, aún hoy, es posible ver esta curiosa variedad que debe ser la autóctona de la península.
Como consecuencia de un período de errores en la vinificación, nace la nueva religión riojana: la selección de la uva. En gran parte, gracias a ella, se pueden hoy disfrutar de unos vinos donde prima la elegancia y el equilibrio. Las bodegas siguen albergando el sueño de una larga vida para sus vinos, pero no a costa de beberlos con sabores cercanos al de tablón de fina ebanistería donde todo recuerdo a vino-vino se había perdido. ¿Nos estaremos acercando a una etapa en que estos vinos vuelven a hacer historia? Otra cosa es la cuestión de precios. De momento al menos, habemus vinum.
María Pilar Molestina
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