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Priorato, segunda parte
Los balbuceos de una historia

En 1973 se funda la bodega de Scala Dei que se mantiene junto con De Müller y Masía Barril como las únicas bodegas elaboradoras depositarias de una leyenda centenaria.

Recuerdo de aquellos primeros monjes, cuya leyenda dice que, allá por el año 1162, se encontraron con un pastor que les contó que en repetidas ocasiones había visto cómo unos ángeles, rodeados de una gran luz, ascendían los estratos del Montsant como si fueran peldaños de una escalera y desaparecían entre las nubes. Los monjes vieron en la historia una señal de Dios y establecieron un paralelismo con la Escalera de Jacob, por lo que decidieron construir allí la Cartuja, llamándola Scala Dei.

Pero un par de bodegas no eran capaces de mantener viva la actividad vinícola que había marcado la región y el Priorato agonizaba entre viticultores cooperativistas que repetían lo que tradicionalmente se había hecho en la zona. Hubo que esperar a los años ochenta, hasta que cuatro locos apasionados fueron capaces de enamorarse de una actividad tan demoledora como gratificante, poniendo sus ojos y su esfuerzo en el viñedo de laderas tortuosas y terrazas casi inexistentes, para obtener de ella la materia prima para sus sueños: un vino como sólo podían imaginarlo entonces. Pero ni siquiera ellos sabían como iba a enfilar la historia...

En un principio, hubo más ilusión que conocimiento. Carles Pastrana, Álvaro Palacios, René Barbier y José Luis Pérez, que bien podrían constituir el "Cuarteto de Alejandría" de Durell, sucumbieron a la llamada de la tierra. Desde su perspectiva, que más tarde se demostró encontrada y conflictiva, pero individualmente eficaz (ahí están esas cuatro grandes bodegas), pusieron en pie una zona olvidada del mapa vitivinícola. Con sólo elaborar el 15% de la producción total de la zona de entonces, marcaron las pautas de calidad, interpretando de forma antagónica una misma manera de confiar en el suelo y sus variedades.

En pleno corazón de la provincia de Tarragona, volvía a renacer la leyenda y una original forma de entender el vino del Priorato. Visto con cierta perspectiva, la hazaña vitivinícola de estos pioneros fue una aventura de riesgo, trabajo, riesgo y más trabajo. Empezaron compartiendo instalaciones, pero aplicando cada uno su forma de entender las cosas. José Luis Pérez, era el único con conocimientos enológicos que infundían algo de seguridad en el grupo, pero todos aplicaban sus propias intuiciones y experiencias personales. Con el tiempo, cada uno de ellos desarrolló su propio marchamo basado siempre en la buena Garnacha y la Cariñena clásica, con sutiles y equilibrados porcentajes de variedades que consiguen el carácter que están buscando, en un suelo bendecido por los ángeles y unos terrenos ordenados por el diablo. En un mercado poco sofisticado como el nacional, con un lento despegue en la capacidad de compra de los buenos aficionados al vino, sorprende que éstos sean vinos tan originales, tan escasos, tan laureados y tan caros.

Hoy, los vinos de estos elaboradores se codean con los grandes vinos internacionales sin ningún complejo, salen a subastas con precios astronómicos y se cotizan entre los grandes objetos de deseo. En menos de diez años, han surgido bodegas como setas en el Priorato con la esperanza de llegar al mismo nivel, y el panorama vinícola se divide claramente entre los "nuevos Prioratos", que siguen la línea de los precursores, y los Prioratos clásicos, con un grupo que continúa fiel a los esquemas tradicionales. Si bien es cierto que estos últimos ya no se apoyan tanto en las prácticas vinícolas, que sólo primaban la obtención del grado y el color, la filosofía de los primeros sigue sorprendiéndoles y desconcertándoles.

El desembarco de nuevos inversores y empresarios, entre ellos los cantantes Lluis Llach y Juan Manuel Serrat, el ex ministro Luis Atienza y su, entonces, director general Josep Puxeu, bodegas como Torres, Pinord, Codorníu y enólogos como Josep María Busquets, es sólo la primera camada de una segunda generación de bodegas y vinos que están cambiando la fisonomía de la tierra. Sin embargo, además del suelo de llicorella que da el carácter al Priorato, todos buscan las viñas viejas en las laderas más empinadas y los terrenos pobres capaces de regalar, con cuenta gotas, una concentración difícil de encontrar en otros lugares.

Fin.

Volver a la primera parte.


María Pilar Molestina

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