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Posiblemente es la más noble de las variedades gallegas, aunque algunos la consideran variedad autóctona.
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Albariño
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La hipótesis más extendida dice que en siglo XII fue traída por un monje de Cluny a través de la ruta jacobea; lo que es cierto es que el Camino de Santiago fue un gran impulsor del cultivo de la vid y en este caso sería en Armenteira, al norte de Pontevedra, donde se habrían plantado las primeras cepas de Albariño.
De grano más bien pequeño, al igual que los racimos y de color verde amarillento y de sabor ligeramente amoscatelado, los buenos albariños desprenden refinados aromas florales y frescos que al paso por la boca dejan un gusto aterciopelado. Las viñas son de brotación precoz y de maduración algo tardía. Se trata de una variedad blanca de fuerte vigor y de fertilidad elevada.
Es la principal variedad recomendada de la D.O. Rías Baixas junto con Loureira y Caiño. Su zona de cultivo coincide con D.O Rías Baixas, pero las comarcas de Salnés son las más favorecidas de todas: en su capital vinícola, Cambados, se celebra el primer domingo de agosto la Festa do viño Albariño.
Esta variedad encuentra su hábitat natural en el ecoclima atlántico, prácticamente en el único en el que puede cultivarse. Necesita temperaturas suaves propiciadas por la cercanía del mar, lluvias abundantes, ambiente soleado y terrenos arenosos y poco profundos.
Su aportación a las mezclas en el Ribeiro se traduce en expresiones aromáticas intensas y potentes y de una persistencia en el gusto larga y satisfactoria.
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