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Rioja
En el Valle del Ebro
El esplendor de la cultura romana en Hispania es el inicio de la Historia del vino en Rioja. Las comunidades romanas se establecieron en las cuencas fluviales como el Valle del Ebro.
La Calagurris romana (actual Calahorra) atestigua esta dedicación con una gran bodega de la época. La llegada de los bárbaros supondrá un freno a estas producciones, que no "resucitan" hasta la Reconquista.
En la Edad Media, como en tantos otros lugares, los cultivos vitivinícolas están ligados a los monasterios. En el caso de Rioja tenemos tres grandes centros monacales, como son San Millán de la Cogolla, Santo Domingo de la Calzada y Haro. Gonzalo de Berceo, el primer poeta en lengua romance, elogia el vino en sus versos, que compuso en su retiro en el Monasterio de Suso (San Millán de la Cogolla):
"quiero fer una prosa en román paladino,
en cual suele el pueblo fablar con su vezino,
ca non so tan letrado por fer otro latino
bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino".
(Milagros de Nuestra Señora. S. XIII)
Del siglo XI al XIV, en La Rioja se cultivaban predominantemente cereales, olivo y, por supuesto, vid. Tanto es así que en 1324 el rey Don Sancho, para frenar la competencia, prohíbe la entrada de vinos navarros en Castilla (y así será hasta su anulación por parte de los Reyes Católicos en 1479).
La preocupación por el vino es constante en la historia de estas tierras. En 1635, el alcalde de Logroño prohibió el paso de carruajes por las calles contiguas a las bodegas "por temor de que la vibración de estos vehículos pudiese alterar los mostos y así influir en la maduración de nuestros preciosos caldos".
En 1787 se creó la Real Sociedad Económica de Cosecheros de Rioja, con el fin de fomentar el cultivo de la vid, la elaboración del vino y su comercio. Ese mismo año, una persona fundamental en la evolución de los Rioja se traslada a Burdeos para estudiar las técnicas francesas. Es Manuel Quintano y Quintano, Beneficiado de Labastida y Canónigo de la Catedral de Burgos, que defendió la adaptación de los métodos bordoleses a las tierras riojanas, para lo que encontró muchos opositores ya que requería mayor pericia, más inversión y mano de obra. Tres grandes nombres esenciales en la implantación final de estas nuevas formas de elaboración son Luciano Murrieta, Espartero y Camilo Hurtado de Amézaga, Marqués de Riscal.
En 1862, la Diputación Foral alavesa sigue los consejos del Marqués y, para perfeccionar la técnica, contrata a Jean Pineau, bodeguero bordelés. Más tarde pasará a trabajar para el propio Marqués de Riscal en su bodega de Elciego. El inicio de la segunda mitad del siglo XIX traerá a Francia las plagas del oídio, en primer lugar (1852-1862), y más tarde la filoxera, en 1863. Pocos años tardará esta última en destruir los viñedos, lo que obliga a bodegueros y comerciantes franceses a buscar más allá de sus fronteras.
Llegan buenos tiempos para Rioja: la superficie vitícola llega a la extensión que tiene actualmente (52.000 hectáreas), se arrancan olivos, desaparece el cereal y los salarios de los jornaleros se duplican.
La lucha contra la filoxera en Francia comienza a dar frutos a partir de 1890, lo que se deja sentir en las bodegas riojanas. La hecatombe llega cuando la plaga entra en España: en 1909, el viñedo en La Rioja se encuentra prácticamente arrasado. La recuperación, ya con los avances franceses como precedente, se dirigirá desde la Estación Enológica de Haro.
La I Guerra Mundial supone un renacer en Rioja, por la neutralidad española en la contienda, pero será un espejismo: pronto llega la Guerra Civil. En la posguerra se intentará relanzar los vinos mediante el cooperativismo, pero mal entendido, convirtiendo las cooperativas en meras suministradoras de materia prima para las marcas.
Varios instrumentos legales irán poniendo las bases para la posterior recuperación de los Rioja, en los 70. En 1902 se promulgó una Real Orden que definía el "Origen" de estos vinos. En 1926 se decretó la creación del Consejo Regulador, para delimitar la zona del Rioja, controlar la "precinta de garantía" y recomendar medidas legales contra los usurpadores del nombre "Rioja". Pero hasta 1945 no se estructura legalmente y será en 1953 cuando se constituya.
En 1970 se aprueba el Reglamento de la Denominación y de su Consejo Regulador, adquiriendo una estructura y funciones perfectamente definidas. La década de los 70 es el nacimiento del nuevo Rioja, el que hoy disfrutamos. Se asientan nuevas bodegas en la zona y las más antiguas se modernizan. En 1991, una Orden Ministerial otorgó el carácter de "Calificada" a la D.O. Rioja, primera y única en España con ese rango.
La zona
La región vitivinícola riojana se enclava en el Valle del Ebro. Limita al norte con la Sierra de Cantabria y al sur con la Sierra de la Demanda: las montañas protegen las vides de los rigores de la climatología, tanto veraniega como invernal.
En total ocupa 50.000 hectáreas repartidas entre las comunidades de La Rioja, Navarra y País Vasco. Se divide en tres subzonas: Rioja Alta, Rioja Alavesa y Rioja Baja. La más extensa es La Rioja Alta (20.500 hectáreas) y elabora vinos muy aptos para el envejecimiento. En La Rioja Alavesa, con 11.500 hectáreas de viñedo, se producen tanto vinos jóvenes como aptos para la crianza. La Rioja Baja (18.000 hectáreas) elabora tintos y rosados de mayor graduación y extracto.
Clima
La Rioja es punto de encuentro entre dos zonas climáticas, la atlántica y la mediterránea. Recibe las influencias cantábricas y sus borrascas, pero a la vez es el límite norte del anticiclón de las Azores.
La Rioja Alta tiene más influencia atlántica que mediterránea y corresponde a la vertiente norte y más húmeda de la Sierra de la Demanda. La Rioja Alavesa presenta un microclima con influencia mediterránea y es la vertiente sur y soleada de la Sierra de Cantabria. Llama la atención que estas dos subzonas, cada una con su clima, se encuentren en la misma latitud.
Por último, La Rioja Baja, la más mediterránea, con temperaturas menos extremas y más templadas. Es raro ver por estas tierras heladas o nieve. Sus inviernos son suaves, sus otoños cortos y lluviosos, sus veranos muy calurosos y cálidas sus primaveras.
Suelo
Encontramos tres tipos de suelo. Los arcillo-calcáreos, en la Rioja Alavesa, la Sonsierra y terrenos de la Rioja Alta; ocupan el 25% de la D.O. Estructurados en terrazas y pequeñas parcelas, se componen de areniscas y margas y son de tonalidades amarillentas.
En segundo lugar, los arcillo-ferrosos, repartidos por toda la denominación de origen, ocupan otro 25%. Compuestos de arcillas, areniscas, limonitas y margas, los encontramos en terrenos alomados, con un marcado color rojizo.
Los últimos, los aluviales, dan lugar a la polémica. Son los más comunes de La Rioja (el 50% de la zona), terrenos cercanos a los ríos que en las regiones de Burdeos y Borgoña no se admiten para el cultivo de la vid, por su baja calidad. ¿Cómo es posible que la mitad de los suelos del Rioja sean de esta clase? He ahí la controversia.
Uva
Para los tintos riojanos se utilizan las variedades tempranillo, garnacha, mazuelo y graciano. La reina es la tempranillo, que ocupa un 61% de la Denominación y es autóctona de Rioja. Además, en la actualidad su cultivo aumenta progresivamente, en detrimento de otras. La segunda más utilizada es la garnacha (un 18%), aunque se encuentra en retroceso. Es la uva tinta que mayor superficie ocupa en el mundo (330.000 hectáreas, de las que 240.000 están en España). En menor medida se cultivan la mazuelo (3,5%) y la graciano (0,7%).
Respecto a las uvas blancas, destaca la viura, que ocupa el 15% de la superficie de la Denominación de Origen. También se emplean la malvasía (0,25%) y la garnacha blanca (0,09%), una mutación de la garnacha tinta.
Vinos
La mayoría proceden de la conjunción armónica, en diversas proporciones, tanto de las distintas variedades de uva de la D.O. como de las tres subzonas que la componen.
En los tintos, para los que se emplea predominantemente la tempranillo, encontramos, en el capítulo de los jóvenes, por un lado los elaborados mediante maceración carbónica (lo que les aporta gran fuerza aromática) en la Rioja Alavesa: de color cereza intenso, son vinos para consumir en el año. Por otro lado, vinos elaborados con despalillado previo, con color algo más bajo, más ligeros, frescos y fáciles de beber.
Los tintos criados en madera presentan unas características determinadas por la mayor o menor permanencia en contacto con el roble de las barricas. Así, en los crianzas, las notas frutales de la uva se suavizan por la acción de la madera, mientras que en los reservas y grandes reservas aparecen aromas de vainilla, tostados, tabaco y, en los más viejos, notas de cuero y aromas animales.
Los blancos se elaboran a partir de viura y en ellos encontramos vinos jóvenes, fermentados en barrica y tradicionales de crianza. Por último, los rosados, básicamente elaborados con garnacha cultivada casi siempre en la Rioja Baja.
Producción
Nº hectáreas de viñedo: 50.000.
Nº viticultores: 17.000.
Nº bodegas: 422 (con registro de embotelladoras).
Producción total (litros): 216.240.000 (en 1999).
Comercialización: 180 millones de litros. Se exporta aproximadamente el 30% (a más de 70 países).
Consejo Regulador de la Denominación de Origen Calificada "Rioja"
Presidente: Ángel de Jaime Baró.
Secretario: José Luis Lapuente Sánchez.
Año de constitución: 1926.
Dirección: Estambrera, 52.
26006 Logroño (La Rioja).
Teléfono: 941 50 04 00.
Fax: 941 50 06 64.
E-Mail: info@riojawine.com
Página Web: www.riojawine.com
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