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  Entrevista con...

Aizpea Olano
"El mundo del vino está dejando de ser exclusivamente masculino"

Estaba escrito en su herencia genética que lo suyo iba a ser el tastevin y la cava. Hija y hermana de restauradores y sumilleres, Aizpea Olano es una de las mujeres que con su trabajo a cargo de la bodega del Errota-zar está contribuyendo a que el mundo del vino deje de ser un feudo exclusivamente masculino.

¿Hay mucho bebedor de "etiquetas"?
Nosotros solemos decir cuando catamos lo fácil que es catar con la etiqueta a la vista. La cata a ciegas es otra cosa, muchas veces te llevas sorpresas con vinos que creías muy buenos y también a la inversa, con vinos que tenías apartados injustamente. Muchos consumidores de vino son fieles a una marca, pero en realidad se dejan llevar por la etiqueta más que por su gusto personal. Las bodegas de toda la vida son las que tienen seguidores más fieles y acomodaticios.

¿Cómo son los clientes del Errota-zar?
Tenemos clientes de sólo Rioja o sólo Ribera del Duero, y otros clientes que ni siquiera miran la carta. Les pongo yo el vino que considero más adecuado.

¿Cómo ha sido su formación?
Empecé trabajando en el restaurante que tenían mis padres en Corazón de María y luego hice el curso de sumillería de la Cámara de Comercio. Así que aprendí un poco sobre el terreno y después más a fondo con el curso y el contacto con otros sumilleres.

¿Qué recuerda de su paso por la Cámara?
Lo recuerdo como algo muy especial. No pude entrar hasta el tercer año, o sea, la tercera promoción, y aún así fui la sumiller titulada más joven de la Cámara. Tenía veinte o veintiún años cuando acabé. Y eso fue un handicap para mí a la hora de tratar con los clientes, que me veían demasiado joven y, encima, mujer. Me costó mucho convencerles de que podían dejarse orientar por mí y de que había dejado el Cola Cao hacía años. Por la misma época en que yo empecé, se empezaron a poner de moda las chicas sumilleres, y la prensa nos hacía reportajes a todas y lo trataban como un fenómeno que estaba cambiando en el mundo del vino.

¿Qué ha supuesto ese desembarco femenino en los restaurantes?
Pues que el vino, poco a poco, deja de considerarse un mundo totalmente masculino, y eso ya hacía falta.

¿Dónde debe empezar la iniciación al vino?
En otras familias, no sé, en la mía es algo que ha estado presente siempre. Con trece y catorce años mis padres me daban una copita de vino todos los domingos y así me fui iniciando. Al principio no me hacía mucha gracia y no le seguía demasiado el juego a mi madre, que es la que se ha encargado siempre del vino en casa y en el restaurante. Luego, con el tiempo, empecé a preguntarle y a interesarme más. Le decía: "oye, ese vino que tomamos ayer, qué bueno estaba, ¿no?" Y mi madre me contestaba: "ya, ya". Era un Vega Sicilia del 70.

¿Hay corrientes dentro de la sumillería?
No sé si puede decirse que haya distintas maneras de entender el trabajo y realizarlo. Pero lo que si he notado es que el gusto de los sumilleres jóvenes es distinto al de la generación de mis padres, por ejemplo. Cuando catamos vinos aquí, en el restaurante, o cuando mi hermano, que también hizo el curso de la Cámara, traía a sus compañeros a comer a Errota-zar, los gustos, las sensaciones y lo que cada uno sacaba era muy diferente. Esa diferencia se agrandaba en el caso de mi madre, que tiraba siempre hacia los vinos viejos, los vinos clásicos, mientras que nosotros tirábamos hacia los más jóvenes.

¿Le hace mucho caso a los grandes "gurús" de la crítica?
No, ninguno o casi ninguno. Yo me fío de mi paladar y punto.

¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?
El trato con la gente. Parte de mi trabajo consiste en mostrar a los clientes vinos que no conocen, abrirles un poco el abanico, que no se vayan al Rioja de siempre y que no sean reacios a otras zonas. Tienes que sorprender, descubrirles ese vino del que, a lo mejor, hay pocas botellas y al que tú tienes más acceso, o sobre el que suscita algún tipo de desconfianza simplemente por desconocimiento. Esa parte de mi trabajo me gusta mucho, sobre todo cuando el cliente deposita en ti toda su confianza y le gusta lo que le has ofrecido.

¿Cómo van entrando esas otras zonas?
Contestando a la gallega, depende. Hay clientes de aquí, por ejemplo, a los que no se nos ocurre ofrecerles un vino catalán porque, por principio, es no y no hay quien les mueva de ahí. No sé si en ello tendrá algo que ver el pique Real Madrid-Barça. Hay otros que sí se muestran más sensibles y abiertos. Con los Vinos de Madrid, también hay todavía mucha resistencia.

¿Qué vino nuevo me recomienda?
El Dehesa la Granja 98 de Alejandro Fernández. Estupenda relación calidad/precio, todos los clientes que lo han probado han quedado contentos.

El vino debe ser expresión de...
La tierra, el clima y la variedad de uva, pero también es trabajo de un enólogo que lo va moldeando precisamente para que sea más duro, con más astringencia, más o menos cuerpo, para que tenga su propia personalidad y carácter. Si no estuviera detrás la persona que lo elabora y lo crea, todos los vinos de una determinada región nos sabrían igual.

¿Qué le pide usted al vino?
Mis gustos se decantan por los vinos con cuerpo, fuertes, los vinos de alta expresión. Me gustan los vinos que dejan huella. Los vinos que, de algún modo, te marcan.

¿Qué es un vino de alta expresión?
Para mí es un vino que dice muchas cosas. Dejando aparte el precio, que entiendo que no está al alcance de todos los mortales, me gustan porque son vinos con cuerpo, fuertes, equilibrados, vinos que los notas, que no te dejan indiferentes. Lo contrario de un vino ligero.

En su casa nunca falta...
Un Solagüen Crianza del 97 y un Contino Viña del Olivo del 95.

Y para darse un caprichito, ¿qué vino elegiría?
El Remirez de Ganuza Reserva. Tiene un pero, según mis clientes, y es que entra fácil pero tiene mucho peligro. Y el precio que tiene, entiendo que es una pega, al menos para el bolsillo.

¿Un vino por descubrir?
Muchos, muchísimos. Un Rivera de Arcos Crianza del 96, por ejemplo.

Errota-zar.
Jovellanos, 3.
Tel.: 91 531 25 64.
Madrid.


Isadora

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